domingo, 8 de febrero de 2015

"Nuestra Señora de la Rebeldia" un retrato de @iconoclasistas

Texto original extraído de Iconoclasistas "dúo que desde el año 2006 combina el arte gráfico y la investigación colectiva a fin de producir recursos de libre circulación, apropiación y uso, para potenciar la comunicación, tejer redes des solidaridad y afinidad e impulsar prácticas colaborativas de resistencia y transformación. Su práctica se extiende por y mediante una red dinámica de afinidad y solidaridad construida a partir de compartir e impulsar proyectos libres y talleres colectivos por Argentina, Latinoamérica y Europa"

Versión Cuzqueña”(2009)

"Robaron y se apropiaron del nombre y la fama de la Virgen española, pero enajenando a cambio, al mismo tiempo, los de su propia diosa, la Tonantzin. No pretendían hacer de la Guadalupana española la máscara de una Tonantzin mexicana siempre viva; pretendían re-hacer a la Guadalupana con la muerte de la Tonantzin, lograr que una diosa se recree o re vitalice al devorar a otra y absorber su energía sobrenatural. Bolívar Echeverría, “El guadalupanismo y el ethos barroco en América.
La etapa colonial, que se extiende entre fines del 1500 (cuando desde Madrid deciden que la matanza se llamará de ahí en más “actos de pacificación”) hasta las guerras de la independencia, es el período más extenso de lo que se conoce como la historia occidental de Latinoamérica. Época nada memorable en lo que se refiere a nuestras llanuras  espesa y penosa en los dominios mineros como los de México, Perú y Bolivia.
En las artes visuales de esas regiones se impuso el estilo barroco, que a pesar de “bajar” de la metrópolis dominada por la Contrareforma de Roma, tuvo un fuerte carácter propio ya que los encargados de ejecutarlo fueron artesanos y artistas originarios que todavía conservaban sus raíces milenarias a pesar del genocidio, la explotación y la censura de la Iglesia Católica. Este barroco americano estuvo cargado de simbología de la resistencia y de una desbordada imaginería de calaveras, vírgenes cerros y mucha fauna y flora de la región.
Ya en la época de la formación de las naciones (siglo XIX) las oligarquías triunfantes prefirieron el arte que llegaba de París y las manufacturas inglesas, considerando al estilo barroco y a sus autores como “atrasados y bárbaros”.
Sin embargo, subterráneamente, el barroco americano perduró en los ámbitos populares. Las miniaturas cuzqueñas, la xilografías mexicanas o la literatura de cordel brasileña serán mucho más libres en lo referente a la técnica que sus antecesoras coloniales y por eso tildadas de “primitivas” por la academia y la inteligencia citadinas.
Cargados del peso mágico que les da el paso del tiempo, estos trabajos todavía hoy son admirados por las mayorías excluidas de nuestra tierra que lo asumen como propio y lo recrean en carteles musicales, ómnibus, estampitas y remeras esperando, todavía, que estas imágenes sigan iluminando el incesante camino hacia la emancipación. 

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