lunes, 31 de diciembre de 2018

Archivos particulares música popular: Silvio Rodríguez "Fin de año"


Somos iguales, sin diferencia de altura,
somos iguales, de anchura de cabeza
tuvimos padre y madre
crecimos entre piedras
que quedaron por ti, y por mi
en cierto porvenir
de nuestro porvenir
en otro porvenir
Hemos nacido juntos y crecimos así
Rama del mismo árbol azul
Del mismo añil
Hoy hay que adelantarse a todo lo demás,
Y al diablo si sabemos, queremos saber más

Que se empuñen fusiles de historia con valor
Que los hijos revienten, sus casas con amor
Que se cambie la noche y el día del lugar,
Si comprendemos que algo del tiempo viene mal,
Pídanme canciones a mí, sus canciones cantaré
Nada de lo que pase aquí le es ajeno a mi piel
Y los asuntos de vivir, ni los asuntos de morir,
Por que todo, para mi es todo,
Todo, para mi es todo
Desde una palabra oscura,
Hasta la estatura de un conductor
Desde una piedra amarilla,
Hasta la sombrilla que tiene el sol
Todo, para mi es todo,
Todo, para mi es todo
Desde la altura que engaña
Que una montaña tiene a los pies
Hasta su misma cabeza
Que luce estrecha pero no es
Todo, para mi es todo
Todo, para mi es todo

El corto de hoy: "Campanadas" dirigido por Simón García-Miñaúr, protagonizado por Ana Fernández, Iván Luengo y Marc Vilajuana (2014)


En Nochevieja de 1999, Pedro se despierta junto a su hermano en una carretera perdida por algún lugar de Francia a apenas una hora de fin de año, su madre tiene otras preocupaciones en mente, que harán que las cosas se compliquen.

Carteles de cine: "El tren del terror" dirigida por Roger Spottiswoode. Un grupo de estudiantes decide hacer la fiesta de nochevieja en un tren


Imágenes poco conocidas / reconocidas: La Banda Trapera del Río. Foto de Salvador Costa.


El Balcón diario: admirando la pintura de la artista rusa Zinaida Serebriakova

















Con ellas descubrimos otros mundo de cine: Lupe Velez


jueves, 27 de diciembre de 2018

Archivos particulares de música popular: Dalida cantando "Flamenco", la canción de Los Brincos, en la RAI italiana en 1966


El erotismo siempre provocativo y surrealista de Apollonia Saintclair @e_sympathique


Carteles de cine: "Apasionada" dirigida por Mario Monicelli (1974)


Imágenes poco conocidas / reconocidas: carteles antisufragistas


El Balcón Diario: conociendo la obra de la artista canadiense Ginette Beaulieu












Tres libros sobre guerrilleras, esas mujeres doblemente olvidadas

Casilda Hernáez Vargas, miliciana
Nota publicada en El Asombrario el pasado jueves
En los conflictos armados se ha mostrado a las mujeres en papeles de retaguardia, cuidando heridos, como enfermeras, intendencia o supliendo labores que los hombres movilizados para el combate no podían realizar. Más recientemente se han visualizado otras maneras de intervención, como las protagonizadas por las mujeres del Kurdistán, Ucrania o las integrantes de las diversas guerrillas de América Latina. Un mundo desconocido que poco a poco va viendo la luz con publicaciones directamente escritas, relatadas o relacionadas con ellas describiendo sus experiencias. Hoy ‘Culturas Invisibles’ se detiene en tres de esas publicaciones sobre guerrilleras que dieron todo por luchar por lo que creían justo: ‘Casilda miliciana’, ‘Le llamaban Laura’ y ‘Mujeres en la alborada’
Luis Jiménez de Aberasturi nos introduce en Casilda miliciana en la vida de Casilda Hernáez Vargas (San Sebastián, 1914). Se consideraba simplemente revolucionaria o combatiente. A su faceta de miliciana habría que añadir la de sindicalista y feminista. Desde muy joven se sintió involucrada en el activismo libertario. En 1934 fue detenida y condenada a 29 años de cárcel, recobrando la libertad en 1936 gracias al triunfo del Frente Popular. Terminada la guerra, pasó al exilio y la resistencia.
En primera persona relata cómo en sus primeros años de militancia las mujeres cenetistas “eramos poquitas, pero poníamos todo”. Cuando fue detenida por primera vez por participar en una huelga de una fábrica de corchos, a su madre “le pareció una maravilla, su hija laboraba por la humanidad”. La segunda detención fue más grave. Eran los tiempos de la Revolución de Octubre del 34. “Me tocó el placer primero de repartir pasquines y octavillas. Luego tuve que ayudar a montar las barricadas… Finalmente, me pusieron a distribuir material, digamos, bélico”. Por tal motivo fue conocida como “la mujer de la cesta”. Al frente de su detención estuvo un tal Manzanas, homónimo de uno de los máximos represores del franquismo, primer asesinado por ETA en 1968.
Encarcelada en la madrileña cárcel de Ventas, “antes de que me hubiera adaptado al régimen penitenciario ya empezaron los planes de protesta”. Allí conoció a Aurora Rodríguez Carballeira, madre de Hildegart, a la que inmortalizó Fernando Fernán Gómez en Mi hija Hildergart. Recobró la libertad y, tras el golpe de estado fascista, comienza a combatir en San Sebastián y alrededores, donde coincide con otras milicianas, “no muchas”. A Casilda se le revuelve la sangre cuando lee a Clara Campoamor comentar: “las milicianas son unas prostitutas”.
Su relato prosigue por diversos frentes, valorando la contrarrevolución/antirrevolución producida en la zona republicana, el exilio, la solidaridad, la resistencia. Falleció el 31 de agosto de 1992; está enterrada en el cementerio de Biarritz (Francia). Por iniciativa de su compañera Begoña Gorospe se colocó en la tumba la siguiente inscripción en euskera: “Andra! Zu zera bukartzen ez den sua” (mujer!, tú eres el fuego que no se apaga).
Leire Ibarguren (Azpeitia, Guipúzcoa, 1979) ha escrito, en común con la protagonista, Miren Odriozola, Le llamaban Laura En sus páginas nos relata la vida de una militante del movimiento obrero, abertzale y feminista. Una de aquellas jóvenes trabajadoras que protagonizaron importantes movilizaciones en la fábrica de galletas Artiach, junto a la ribera de Deusto. Trabajaban durante tres meses con contratos eventuales para luego ser despedidas. Antes ingresó en la universidad, un paso decepcionante como estudiante de Económicas, al visualizar que lo que se enseñaba poco tenía que ver con su/la realidad.
Tiempos de dictadura fascista, de desarrollo de todo tipo de movimientos sociales, políticos y armados. Al incorporarse al frente cultural de uno de estos últimos, fue detenida y pasó dos años por las prisiones de Basauri, Carabanchel y Alcalá, donde fue defendida por Gregorio Peces Barba, padre de la Constitución de 1978. Poco después abandonó la organización para participar en movimientos ajenos a la violencia, presentándose en las primeras elecciones en la lista de OICE (Organización Izquierda Comunista de España) – Liga Komunista Iraultzaila (LKI-Liga Comunista Revolucionaria LCR).
En los años 80, un buen número de vascas y vascos viajaban a América Latina para participar en los movimientos revolucionarios que allí se estaban produciendo; Miren fue una de ellas. Deseaba conocer que estaba ocurriendo en Nicaragua y Cuba. Tras ver un documental sobre El Salvador, decidió que era allí donde quería desplazarse. La curiosidad por saber lo que ocurría en ese país, se transformó en rabia. Nunca había pensado que su destino fueran las montañas y paisajes de Chalatenango. En ese pequeño rincón del Planeta, el Ejército, con la ayuda de EE UU, perpetraba auténticas masacres que sólo conocimos cuando asesinaron a Monseñor Romero, cáliz en mano, un 24 de marzo de 1980. Los Escuadrones de la Muerte, con apoyo del Gobierno, asesinaban a una persona recientemente canonizada por el Papa Francisco.
Leire da voz a Laura, nombre en la guerrilla de Miren, relatándonos las vivencias generales, las particulares en virtud de su género y las más personales. Nos ayuda a comprender las razones que la llevaron a movilizarse y a participar, primero como sanitaria y luego con otro tipo de responsabilidades, en un movimiento que con el paso del tiempo convertiría a uno de los jefes guerrilleros en presidente del país.
Reflexiones de una persona marcada por el Mayo Francés y la Revolución Cubana, y la frustración por lo acaecido tras la muerte de Franco; de una mujer que ha vivido directamente la guerra en un lugar lejano geográficamente y ha sido consciente de que la muerte acecha cada día. Relata la sorpresa a su regreso a España al escuchar en una cafetería madrileña al grupo vasco Kortatu o la decepción por los cambios que encontró donde todas las luchas en las que había participado estaban apagadas, muchos de sus antiguos compañeros eran cabezas de lista de partidos de derechas u ocupaban altos cargos en el Gobierno vasco.
Leer a Leire, escuchar a Miren-Laura, es esencial para tener una visión más diversa, plural y real de unos años donde sólo parece existir una versión, un punto de vista, el oficial. Un ejemplo de los muchos que se desarrollaron en América Latina basados en la guerra de guerrillas.
Yolanda Colom.
La guerrillera guatemalteca Yolanda Colom
Mujeres en la alborada es la vida en la selva, es la vida en la guerrilla guatemalteca de Yolanda Colom, hermana del que fue presidente del país, Álvaro Colom. Veinte años de clandestinidad y exilio. Once años de militancia en el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) y otros nueve en Octubre Revolucionario. Un escenario de lucha que comenzó para esta educadora social en 1973: “Inicié el abandono de mi identidad para sumergirme en el anonimato y la clandestinidad”. Un relato que ni idealiza, ni mitifica aquellos años. Narrando con naturalidad la vida en la selva, intentando contrarrestar la visión oficial empeñada en mostrar a sus integrantes como delincuentes, resentidos sociales, fanáticos…, y otras variadas nominaciones despectivas, por parte de los que cometen sin ningún tipo de complejo todo tipo de violencia en nombre del Estado: fraudes electorales, corrupción, asesinatos…
Militancia intensa con el objetivo de crear una organización para intentar construir una Guatemala nueva. Conociendo el racismo institucional contra los indígenas; la venta de mujeres al mejor pagador, algo más que habitual, donde ellos preferían “a las mujeres de las aldeas, porque eran más trabajadoras, menos exigentes y más sumisas que las del pueblo”; la poligamia encubierta o la lucha de las comunidades nativas para abrir nuevos cambios personales y colectivos, abandonando la vida social y personal, con un hijo que no pudo criar, anteponiendo su compromiso político al familiar.
La caída de compañeros y compañeras por chivatazos y privaciones, incluidos los efectos del alcohol: “Durante varios años fue la causa número uno –durante más de cinco años la única–, de caídas en manos del enemigo, de fallas en el trabajo y de problemas de seguridad”. La sobrevivencia en la montaña, la vida colectiva, el arte de subsistir en un grupo humano compuesto mayoritariamente por trabajadores pobres, campesinos, desposeídos entre los que los procedentes de núcleos urbanos eran minoría y solían responsabilizarse de la formación de una parte de la población analfabeta o con una formación menos que elemental.
Un entorno donde la fragilidad física y la escasez de recursos tenía serias consecuencias. Nomadismo, vida a la intemperie, hambre, enfermedades, delaciones, heridos, muertos, asesinatos. Donde, a pesar de todo, el humor está presente, como la escucha permanente de los Conciertos de Brandeburgo de Bach, única casete disponible, esperando la llegada de una nueva que incluyera la Sinfonía del nuevo mundo, de Dvorak.
Un movimiento que por primera vez llevó un poco de esperanza a miles de personas, donde muchas dejaron la vida o una entrega desinteresada, ganándose la confianza de la población. Donde ellas padecían las contrariedades generales y las añadidas por su condición de mujeres, especialmente las relacionadas con la discriminación y la sexualidad. Mujeres como Nora Paiz Cárcamo, detenida y violada durante cuatro días por las tropas gubernamentales, como Rogelia Cruz, como Clemencia Paiz Cárcamo.
Todas ellas empuñaron las armas, algo difícil de comprender para los alejados de los conflictos. Alegatos que no se nutren ni de triunfos ni de derrotas. Como señala Colom, “la fuerza reside en las convicciones que nos mueven, en la transparencia con que actuamos y en el empeño que ponemos por transformar los sueños en realidad”.

Con ellas descubrimos otros mundos de cine: Arta Dobroshi


miércoles, 26 de diciembre de 2018

Archivos particulares de música popular: Tom Waits "Silent Night & Christmas Card"


El documental de hoy. "Omega" dirigido por José Sánchez-Montes y Gervasio Iglesias (2016)


Documental sobre el revolucionario disco de flamenco-rock "Omega", compuesto por el maestro Enrique Morente y el grupo granadino Lagartija Nick en 1996. Un disco rompedor y de gran impacto en el panorama musical nacional e internacional en el que Morente adaptó temas del cantautor canadiense Leonard Cohen y puso música a poemas de Federico García-Lorca.




Carteles de cine: "Una droga llamada llamada Helen" dirigida por Umberto Lenzi (1970)


Hablando con Carla Cortina Martín ocho años jugando en el Atlético de Madrid Femenino, en la actualidad en la Liga Universitaria de Estados Unidos




Entrevista publicada en la web Las Colchoneras.

Carla Cortina Martín nació el 1 de julio de 1999 en Madrid. Su trayectoria deportiva ha estado centrada en tres equipos: Los Escolapios de Getafe(2005-2008), Atlético de Madrid Femenino(2009-2017) y este año que acaba en New Jersey Institute of Technology de Estados Unidos, jugando de extremo de ambas bandas o mediapunta. Hemos aprovechado sus vacaciones navideñas en Madrid para conversar con ella.
¿Cuándo te diste cuenta qué lo tuyo era el fútbol?
Desde chiquitita mi padre me llevaba a ver partidos del Getafe, y deseaba que se acabara el partido para jugar a la pelota después. El momento en el que supe que tenía que jugar al fútbol fue a los 5 años, en el recreo del colegio; le pregunté a un amigo qué si podía jugar con los chicos de clase y me respondió que sí, pero que los equipos estaban llenos y que me esperara al descanso. Bueno, se acabó el recreo y no hubo descanso, pero yo volví cada día hasta que me dejaron jugar con ellos… y resulté ser mejor de lo que pensaban.
¿A qué edad comenzaste a jugar en algún equipo?
A los 6 años en el equipo de mi colegio, Los Escolapios de Getafe.
En aquellos equipos mixtos ¿cómo eran esos partidos?
Cuando empecé era la única chica en una liga interna de la Escuela del Getafe, jugaba como cualquier otro en el equipo, y de hecho ganamos dos años la liga conmigo de delantera titular. Cuando entré en el Atleti los primeros años seguí jugando en una liga de chicos, pero esta vez en un equipo femenino. Durante mi primer año perdimos bastantes partidos y por goleada, pero los siguientes nos volvimos mucho más competitivas.
¿Cómo te trataban? ¿Había diferencia entre chicos y chicas?
Cuando empezamos a ganar en la liga de alevines, los padres de los chicos se enfadaban bastante, no solo nos insultaban a nosotras, sino que también a sus hijos por ser unos débiles niñitas, personalmente nunca dejé que me influenciara mucho ese tipo de comentarios.
¿Cómo llegas al Atlético Femenino?
Mi madre lee un artículo en un periódico local de Getafe sobre la apertura de una escuela femenina del Atleti en mi ciudad. Me apunté y fui cada semana a jugar al fútbol con otras pocas chicas, a las que María Vargas nos invitó a hacer las pruebas para entrar al Atleti femenino. Afortunadamente las pasé.
¿Cuántos años estuviste?
8
¿Qué recuerdos tienes? ¿Compartiste equipo con alguna de las que juegan en el primer equipo? ¿Y con otras que estén en equipos de la Liga Iberdrola?
Durante ocho años se acumulan muchos recuerdos, pero mi favorito es mi primer torneo de verano, fuimos a Suecia a la Gothia Cup y aún recuerdo la sensación de caminar por el estadio donde se celebró la ceremonia de inauguración con tan solo nueve años, cantando y pasándomelo genial con mis compañeras de equipo. No he llegado a jugar con chicas del primer equipo, pero si con varias del preferente y segunda división. Sí que es verdad que un par de jugadoras de primera división fueron mis entrenadoras como Leire Landa Raquel García.
¿Cómo acabaste en la liga de EE.UU.?
Una de mis entrenadoras, exjugadora del Atleti, Mamen Blasco, se fue a estudiar a Estados Unidos. Yo recuerdo querer hacer algo así desde que vi su ejemplo, pero pensé que era algo prácticamente imposible de conseguir. Al terminar la ESO se me presentó la oportunidad de intentarlo y no lo pensé dos veces. Grabé mis partidos, entré en contacto con entrenadores gracias a una agencia, y al final me ofrecieron una beca que no podía rechazar.
¿Cómo conseguiste la beca? 
La conseguí hablando con entrenadores americanos que se habían interesado viendo los videos de mis partidos. 
¿Qué cubre?
Dependiendo de cuanto les gustes, lo buena que crean que eres y el impacto que puedes tener te ofrecen cierta cantidad de beca. En mi caso es completa (matrícula, libros, alojamiento y comida).
¿Hay más españolas jugando allí? 
Sí, cada vez más españolas la verdad. Yo me fui a la vez que tres excompañeras del Atleti: Rocío Grimaldi (AlabamaA&amp: M UNiversity), Andrea De Miguel Sara Cobollo (Central Methodist University). 
¿Qué diferencias hay entre una liga y la otra?
La liga americana es mucho más física y frenética, tienden a ser mucho más verticales ofensivamente y tienen como referente el fútbol inglés de la Premier; los partidos pueden cambiar en cuestión de segundos. El fútbol español, en general y más aún en mujeres, tiende a ser pausado, con mucha más movilidad del balón, creando espacios y aprovechándolos, en lugar de correr tras el balón.
¿Cómo es una jornada en la liga estadounidense?
La liga universitaria es mucho más corta, pero mucho más intensa, con una media de dos partidos por semana. El equipo vive prácticamente junto y se crea una especie de familia. El día del partido, Game Day, nos concentramos juntas desde por la mañana desayunando juntas, se sale a trotar en equipo y luego por lo general toca viajar. Desde el minuto uno en el vestuario todo es un ritual: camisetas colocadas, cánticos, himno americano… casi casi como en las películas.




¿Hay mucha diferencia con lo que hacías aquí?
Bastante. En España solo veía a las compañeras unas pocas horas a la semana para entrenar e ibas al partido concentrada solo una hora antes del pitido inicial.
¿Recomendarías a otras jugadoras intentar trasladarse allí?
La experiencia es totalmente recomendable, pero sí que es verdad que a veces no es fácil adaptarse a un nuevo fútbol lejos de casa, pero para mí la experiencia merece la pena.
¿Sigues la liga española?
Con los estudios y el fútbol no hay mucho tiempo para ver los partidos, pero si que sigo los resultados que me envía mi padre.
¿Cómo la ves?
La verdad estoy contenta por los buenos resultados del Atleti Femenino y de ver que la liga femenina se va poco a poco profesionalizándose y es tomada un poco más seriamente.
¿Y al Atlético de Madrid Femenino?
Va dando pasos de gigante en la profesionalidad del equipo ahora ya siendo parte del club, lo que tiene un claro impacto en la calidad de la cantera y del primer equipo, como podemos ver con los resultados obtenidos esta temporada.
¿Te gustaría volver a jugar en el ATM Femenino o algún otro equipo de la primera división española?
La verdad que no me he planteado lo que voy a hacer al volver a España. Desde luego me encantaría seguir jugando al fútbol, pero es muy complicado entrar a formar parte de un club de primera división y más aún con el nivel del Atlético de Madrid.
¿Cómo se ven desde fuera los éxitos internacionales de las diferentes selecciones femeninas de fútbol?
En Estados Unidos se valora un montón el fútbol europeo, las españolas tenemos el título de jugonas por lo que claramente los éxitos de nuestras selecciones y las niñas que nos vamos allí a jugar aportamos una gran calidad futbolística.
¿Crees que las jugadoras podréis vivir del fútbol en España?
Hoy en día es muy complicado que una mujer pueda vivir del fútbol en España. Requiere un gran sacrificio dedicarte a ser futbolista, dejando otras cosas de lado, y que realmente haya una implicación de medios y empresas que permitan mantener salarios dignos para las jugadoras. Esto está mejorando, pero sigue habiendo un largo camino por delante para que esto ocurra.
Deseos para el 2019
La temporada ha terminado para mí así que ahora toca prepararse para la siguiente, para mejorar y lograr algún título. Aparte de eso obtener las mejores notas posibles, que al fin y al cabo es por lo que estoy en la universidad.
Por último, comenta que la experiencia de cada persona en América es diferente, pero si te gusta hablar inglés, viajar, vivir nuevas experiencias y dedicarte al fútbol; estudiar en una universidad americana es una opción a considerar.

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