miércoles, 4 de febrero de 2015

La ciudad de los ricos y la ciudad de los pobres



Ayer acudí a la presentación de “La ciudad de los ricos y la ciudad de los pobres”  "La ciudad de los ricos y la ciudad de los pobres"  del urbanista italiano Bernardo Secchi fallecido el año pasado. No conocía su obra, creo que estuvo vinculado a Madrid en los ochenta en la elaboración del Plan General de Ordenación Urbana. La primera aproximación al libro sugiere ricos contenidos. Habrá que leerlo con calma.

Escuché con atención las intervenciones de los integrantes de la mesa; tres hombres, dos mujeres. Solo intervino una de ellas para presentar el acto, Teresa Arenillas Presidenta del Club de Debates Urbanos, organizadores de encuentro. Los tres miembros masculinos intervenían en cualquier momento. Cualquier reflexión del público tenía inmediata respuesta y  comentario que evidenciaba el papel predominante de unos sobre otros. Profesores y alumnos. Nada nuevo.

Me llamó la atención las continuas observaciones, elogiosas por supuesto, a la manifestación del sábado en Madrid, organizada por Podemos. Contrastaban con unos discursos marcados y referencia continua a lo macro. Grandes operaciones urbanísticas, grandes banco, grandes… que para ellos son los únicos que construyen la ciudad. Ninguna referencia a los que construyen/construimos la ciudadanía. Ocupación de espacios en la plaza pública, centros autogestionados, huertos urbanos, universidades populares, grupos de consumo, de acompañamiento, de reflexión permanente…

No pude evitar intervenir. Pedí disculpas por mi atrevimiento en un lugar que parecía reservado a ilustres doctores. Mi argumento giró en torno a “si la cultura de nuestro país la ha diseñado la arquitectura y la obra pública, los que trabajamos en la cultura también podemos/debemos reflexionar sobre el  urbanismo y la ciudad”. Resalté  que si queremos realmente cambiar algo empecemos por lo micro para llegar a lo macro. no al revés. Mencioné que en la ciudad existen realidades “mi barrio tiene quince salas de exposiciones e igual número de librerías y ningún Burger” para acabar hablando de paradigmas y que a muchos no nos interesan hegemonías de ningún tipo.

Tuve respuesta inmediata, aunque en teoría mi palabra era la última. Ninguna crítica o autocrítica sobre la responsabilidad de los asistentes en el desarrollo de un urbanismo que es responsable de que Madrid sea una de las ciudades más desiguales y segregadoras de Europa.


La conclusión la misma de tantas veces: no basta con apoyar o acercarse a los nuevos aires que corren, todos sumamos. Es preciso más humildad y reflexión sobre las responsabilidades individuales y colectivas de cada uno de nosotros en el desarrollo y la construcción del entorno donde nos movemos.

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