miércoles, 20 de octubre de 2010

Cambio de gobierno

Zapatero realiza un cambio de gobierno donde la apuesta política prevalece sobre la técnica. Un golpe de timón para intentar recobrar la confianza de una buena parte del electorado que está dando la espalda al PSOE por una política más qué discutible en materia económica y social, donde no se han tenido en cuenta ninguna de las propuestas progresistas para salir de la crisis.

La remodelación supone la salida de Miguel Ángel Moratinos del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. Sólo he coincidido con él en la entrega de Premios Cambio 16, donde recibió el premio “Al mejor ministro” del 2008. Tengo una alta valoración de su gestión. Fue el ministro que supo unir política exterior y cooperación en un mismo barco, incluyendo la acción cultural como un eje fundamental en las políticas de desarrollo.

Tuvo que torear con huesos muy duros; Cuba, Marruecos, Mundo Árabe, Venezuela, Sahara capturas de barcos, secuestros de cooperantes… haciéndolo en muchas de las ocasiones en soledad. Desde fuera se puede entrever un cierto aislamiento por parte de la corriente más atlantista del Partido Socialista y la crítica feroz, muchas veces injusta, de las diversas oposiciones empeñadas en defender interés corporativos, partidistas y personales.

El diálogo, como buen diplomático, fue la forma elegida para resolver los conflictos, frente a la agresividad y las amenazas de algunos de sus antecesores. La cultura del diálogo es esencial en tiempos como los actuales y Moratinos fue ejemplar en ello. Supongo que uno de sus mejores recuerdos ministeriales será cuando recuerde el homenaje que le dedicó la Asamblea de dirigentes tribales en Badghis, una de las regiones más pobres de Afganistán, como muestra de gratitud por la cooperación española en el país asiático. Una acción que va mucho más allá de la militar, aunque sea a esta a la que se refieren la mayoría de los medios de comunicación y los dirigentes políticos.

Los que estamos embarcados en asuntos relacionados internacionalmente con países donde no es fácil de realizar determinadas acciones, sabemos de la importancia de los cambios en nuestra diplomacia en los últimos años. El destituido ministro fue responsable de esas transformaciones que contribuyeron a hacer nuestro trabajo más riguroso y profesional. Se va y nos deja un buen recuerdo. Seguro que coincidiremos en focos de cooperación y por supuesto, también, en las gradas de cualquier estadio de futbol, viendo a nuestro Atlético de Madrid. Deseo a la nueva ministra los mejores éxitos para profundizar en un trabajo que durante seis años han permitido que nuestro país sea reconocido en muchos lugares y no solamente en los de nuestro entorno más próximo o en aquellos donde lo único que prevalece son los intereses económicos. La diplomacia debe contribuir a un mundo mejor, a resolver los problemas y el Ministro Moratinos camino en ese sentido.

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