La brecha cultural se acentuará en 2013

No recuerdo un año tan injusto como el que acaba de finalizar. La crisis económica ha puesto en jaque a la democracia. Nunca se ha evidenciado tan claramente la subordinación de la política ante la economía. La cultura no ha sido –ni es– ajena al devenir en el que estamos inmersos. Cómplice e interesada en mantener una realidad injusta, donde todos juegan un papel para justificar la única violencia permitida, la del Estado, ya lo cantaba Joe Strummer (The Clash) “el asesinato es un crimen, a no ser que lo comenta un policía o un aristócrata”.
Asistimos a una violencia contra la mayoría de la población. Intimidación apoyada en leyes y normas manifiestamente injustas, que buscan el beneficio económico de una minoría. Sumisión de la cultura ante prebendas de un Estado que “compra” mediante las mal llamadas subvenciones, la complacencia política, sin entender que eso poco tiene que ver con la realidad. Los que tanto hablan de industrias culturales y creativas conocen –y ocultan– que las mínimas ayudas concedidas son solamente una ínfima parte del retorno que la cultura debe recoger por su aportación a la economía. Pero no solo existe el expolio institucional. En la última asamblea de la SGAE “recibió un amplio respaldo la propuesta de que, a partir de 2013, las cantidades no identificadas sean repartidas entre los socios, una vez transcurrido un plazo de cinco años”. No importa si son autores desconocidos o de artistas que han escogido una licencia Creative Commons para sus creaciones. Saqueo permitido como también el que los letrados de las discográficas den instrucciones a sus peritos sobre lo que deben contestar y callar durante un juicio; lo ha denunciado el investigador y desarrollador de software Pablo M. Soto, que tras recibir una sentencia favorable ha solicitado el inicio de acciones legales contra los letrados y algunos de los peritos de las discográficas demandantes por incurrir en estos hechos delictivos.
2012 ha sido año de cambios, confusiones, descuidos, desencuentros, colisiones, pero también de descubrimientos, aproximaciones, hallazgos e innovaciones, que han generado cierta desubicación pero que han contribuido a romper el aburrimiento reinante causado por tanto engaño, arrogancia y cinismo. “Vamos despacio porque vamos lejos” es mucho más que una frase, más que una bonita consigna. Es una forma de entender la participación, la fiesta ciudadana. Tomar calles, plazas, rodear instituciones, cantando y bailando en ellas como entonaban hace décadas Martha and the Vandellas en su “Dancing in the street”. Emociones y sentimientos que las clases dirigentes tristes, aburridas, y devenidas en algunos casos en estafadoras profesionales, no pueden permitir, recurriendo a toda clase de medidas represoras. Como proclamaban los situacionistas “En una sociedad que ha aniquilado la aventura, la única aventura es aniquilar la sociedad”.
Culturalmente 2013 plantea algunas buenas expectativas. Nuevas propuestas musicales de artistas como Le Parody, coffe&wine, Lorena Álvarez y su Banda Municipal o inusuales como la Fundación Robo. Pensamientos compartidos: Zemos98, CT, Amador Fernández Savater… Sugerentes investigaciones y lecturas de Servando Rocha, de los diferentes Observatorios Metropolitanos, de Traficantes de Sueños o propuestas periodísticas como La Marea o Mongolia, contribuirán a que junto a ilustres veteranos como Basilio Martín Patino (qué grande su “Libre, te quiero”), Manuel Castells o Vicenç Navarro, salgamos de la somnolencia imperante.
El proceso iniciado en Catalunya y un discurso falto de ideas del Rey, muestran que nos encontramos en un periodo de transición hacia un nuevo proceso constituyente. Algunos sectores de la cultura lo han comprendido y están participando en ello, a pesar de que sin embargo, la mayoría seguirá aletargada con propuestas que nada tienen que ver con los tiempos que corren. La brecha crecerá, unos asumiendo un papel que nunca les ha interesado, otros relegados al simple y bonito recuerdo, nostalgia para las próximas décadas.
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