viernes, 7 de noviembre de 2014

"El mundo indie es de un elitismo excluyente" conversando con Víctor Lenore

Víctor acaba de editar "Indies, hipsters y gafapastas" (Capitán Swing) fue la excusa para hablar el momento de la cultura y la música. Parte de aquella conversación sale en la edición de hoy de El Diario Vasco.


A continuación un resumen de la conversación:


Víctor Lenore (Soria 1972) es activista cultural, colaborador musical en medios de comunicación nacionales y de revistas especializadas. Impulsor de Ladinamo, uno de los proyectos culturales más intrépidos de Madrid en la década pasada, y de Fundación Robo, proyecto musical colectivo donde participan ente otros Nacho Vegas, Albert Pla, Mursego, Refree, Silvia Pérez Cruz, Le Parody, Fernando Alfaro o Triángulo de Amor Bizarro. Guionista de Mapa Sonoro (La2), cofundador del sello Acuarela y trabajador eventual en el FIB, acaba de publicar ‘Indies, hipsters y gafapastas: crónica de una dominación cultural’ (Capitán Swing) combinando vivencias personales con la crítica a la cultura de proximidad, un sector que carece de literatura al respecto, habitualmente más dada a narrar biografías, novedades e historias personales que el análisis social que las rodea.

En sus propias palabras “un libro fruto de la maduración como persona, como periodista. Te pasas veinte años haciendo unas cosas por inercia o ignorancia y que con el paso del tiempo te parecen cuestionables”. Indaga sobre la analogía entre lo hipster, lo indie, la cultura de márketing y sus connotaciones sociales. “Marcas, discos, artistas, series de televisión, perfumes, coches o camisas que apuntan a que si las compras, eres alguien exclusivo o superior”. Su incomodidad por ese reflejo del marketing capitalista, le permite cuestionar un mundo del que ha formado parte. “A hipsters, indies y gafapastas les unen aptitudes individualistas, narcisistas, elitistas, anglófilas y excluyentes. Miran la cultura como un mecanismo de distinción, más que algo para compartir y disfrutar como ocurre en África o Jamaica, con la rumba, el punk o el hardcore. Indie surgido al margen del sistema, como reacción a la cultura mainstream, para convertirse en una cultura de estadios”.

Sobre el supuesto carácter vanguardista de una cultura de élites, comenta: “distorsionar una guitarra como Sonic Youth parece un acto de vanguardismo que no aporta nada brillante a la historia de la música. Además, está apoyado por medios autistas, masculinos, blancos, universitarios para veinteañeros… todos cortados por el mismo patrón”. Según su opinión, se trata de “una música triste e individualista para escuchar en la habitación. Propuestas intimistas, introspectivas, centradas en el yo. Melancolía derrotista, todo el rato de bajón”, para continuar disertando sobre realidades diferentes: “El 90% de los artistas hipsters e indies tras el cuarto disco no tienen ningún interés, en contraposición con Rubén Blades, Fela Kuti, La Mona Jiménez o Los Tigres del Norte, que elaboran una música comunitaria para disfrutar, alimentada de experiencias suyas y de los fans, donde nadie va de genio. La música de África y América Latina es mucho más humilde; se trata de estar juntos, de pasar un buen rato, de disfrutar. Aquí tenemos a Nick Cave, Leonard Cohen, David Bowie: parecen genios que han bajado del cielo y cobran cien euros por una entrada”. Para Lenore se trata de una “edificación absurda del artista, perjudicial para la música popular que es algo mucho más sencillo”.

No duda en calificarlo de “elitismo excluyente que discrimina a los artistas según su procedencia y género”, reflejándose en festivales y programaciones. Los festivales “siempre intentan cubrir una cuota de diversidad étnica, aunque en el fondo solo les interesa mostrar la cultura hegemónica anglosajona para contentar a los patrocinadores. Un racismo incluyente. Artistas africanos o latinos que tienen que beatificar en Mojo, la BBC o David Byrne para que pasen el corte y puedan actuar”.  

Tampoco titubea al definirlo como endogámico: “vas al Sónar para ver a periodistas o community managers, pero no vas a ver a los mismos artistas a la Fabrik o a Monegros, porque allí va un público mayoritariamente procedente de la clase trabajadora”. En su recorrido también aborda la cuestión de género: “Ellas no tienen casi ningún protagonismo, y las que lo tienen, nunca plantean temas como la violencia de género, discriminación, feminismo… no es su mundo”.

Para Lenore este fenómeno no es ajeno a la realidad social, política y económica. “Lo hipster es la primera subcultura que está de acuerdo con los valores del sistema, reflejo del capitalismo posmoderno”, en consonancia con las campañas de emprendizaje promovidas por las instituciones y las grandes marcas comerciales. “Para crear un pequeño sello o revista, en los sesenta y setenta se promovían cooperativas. Ahora hay que hacer empresas con jefes, donde hay secretarias y las responsables de promoción son siempre chicas. Reproducción exacta de las estructuras de poder. No hay ningún intento de articular alternativas económicas. No hay tiempo, ni cultura política para la protesta. Aunque todo se está subvirtiendo desde el 15M”.

En los once capítulos y ciento cincuenta páginas del libro muestra una visión diferente a la habitual. Un recorrido crítico con él mismo y su entorno que se complementa con una extensa presentación de Nacho Vegas, que ayuda a comprender la evolución del artista asturiano. Una lectura para reflexionar, pero sobre todo para disfrutar, comentar y debatir.



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