viernes, 30 de septiembre de 2011

Adiós democracia

Ha sido un verano sin verano. Otros años el mes de agosto se limitaba a la subida de la gasolina. El del 2011 será recordado por todo menos por lo de estival. Lo recordaremos por el triunfo de la economía sobre la política, donde lo imprescindible era salvar bancos y no ciudadanos. El de la modificación constitucional para tranquilizar unos mercados culpables de la ruina de una buena parte de la ciudadanía. Pero no exclusivamente por eso.
En el campo cultural han sido significativas las afirmaciones del ex Jefe de Cultura de El País Santiago Segurola, afirmando con rotundidad que los centros de decisión del periodismo cultural “están en los despachos de la industria, en las discográficas, editoriales, productoras de cine” para concluir me he llevado una decepción muy grande con esa forma de tejer el periodismo: la industria decide y el periodista acata”. Son de agradecer este tipo de manifestaciones de las que nunca disertan y enmiendan los que realmente tienen poder de decisión. Comentábamos hace tiempo el tema, vía Facebook, y concluía Segurola con un “si te contara”. No es necesario detallar, lo sabemos o cuanto menos lo intuimos.
Esa misma industria que hace aprobar a la UE una modificación que extiende el copyright de 50 a 70 años. Algunos temas The Rolling Stones y The Beatles están a punto de pasar a dominio público, igual que otros de Janis Joplin, Bob Dylan, The Doors o Jimi Hendrix, y era evidente que la industria no podía permitir perder parte de unos ingresos. Una vez más instituciones supuestamente democráticas claudicando ante los lobbys financieros.
Sin tener un conocimiento detallado, cualquiera podría intuir que el entramado creado alrededor de la SGAE, sociedades cercanas o asociadas, poco tenían que ver con la cultura o la música. Los insultos que en su momento recibimos cuando nos opusimos a la Ley Sinde no tuvieron límite. Su silencio actual es más que significativo. Dicha ley no es casualidad ni fruto de una buena actuación contra algún acto delictivo, tiene mucho más con el control ideológico y empresarial. Como tampoco es fortuita la aprobación por el Consejo de RTVE de controlar los contenidos de los informativos. La rectificación posterior no es creíble si no trae consigo el cese inmediato de los consejeros que permitieron su aprobación. No tienen ninguna convicción democrática, por lo tanto no pueden decidir los destinos de nuestra televisión pública.
Nula credibilidad tras la actuación policial del 17 de agosto en la capital en la manifestación laica contra la visita del Papa. Violencia ante una manifestación legal impedida por la actuación de los “peregrinos” convocados ex profeso para ese motivo, como se ha podido comprobar a través de mensajes y videos en La Red. Dispositivo de seguridad anacrónico. Atropello contra ciudadanos y periodistas. Dispensa para aquellos que pueden utilizar a su antojo servicios y espacios públicos de todos. Ante lo ocurrido ninguna responsabilidad política. Ciudadanas y ciudadanos detenidos arbitrariamente libres con cargos. Menor de edad aporreada salvajemente que no merece ni la más mínima investigación e interés por parte del Defensor del Menor.
Son algunas realidades que van disminuyendo nuestra débil democracia. Nadie toma medidas ni iniciativas. El que cada vez más personas no se sientan representadas, puede ser positivo o negativo. Dependerá de quien consiga aglutinar el descontento. Hasta ahora la calle y La Red van ganando. La pregunta es ¿Hasta cuándo? ¿Hasta el 20N? Resistir es vencer, pero ¿realmente se quiere lograr? ¿Estamos ante el final de la democracia como la entendíamos?

1 comentario:

moscacojonera dijo...

Una amiga mía me decía el otro día: Hasta ahora el 20-N se celebraba la muerte. Este 20-N se va a celebrar la resurrección.
No tiene NINGUNA buena pinta lo que viene por delante...