Carlos Taibo, ¿qué es ser anarquista y libertario hoy?

Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política de la Autónoma de Madrid.
Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política de la Autónoma de Madrid.
Conversación que hace unos días hice a Carlos que publicó El Asombrario.
La editorial Catarata publicó hace unos meses ‘Los olvidados de los olvidados’, con textos de alguien con enorme prestigio en el análisis de ámbitos políticos en los márgenes, Carlos Taibo. Un recorrido muy pedagógico que permite plantear interesantes debates sobre el peso de siglo y medio de movimiento libertario y anarquista en España. Hemos hablado con el autor. “La Transición ha alimentado, en relación con ese mundo, tres discursos: el olvido, la demonización y el designio de subsumir a los anarquistas en el carro general de “los republicanos”. Creo que todo lo eso merecía una réplica”. De ahí este libro.
Con cierta asiduidad compartimos en estas páginas relatos y entrevistas relacionados con mundos, realidades e historias poco difundidas, no hay ningún motivo especial, exclusivamente romper con ciertos silencios que ignoran o manipulan la historia reciente. Necesidad, más que obligación, de visibilizar, divulgar parte de esas múltiples situaciones silenciadas y ocultas que han estado y están más presentes de lo que podamos pensar.
El mundo libertario sólo parece visibilizarse en páginas y medios vinculados al mismo, sin apenas percepciones fuera de él. Por ello, cuando conocemos textos y/o ediciones que pensamos son interesantes los relatamos contribuyendo a su difusión.
La editorial Catarata publicó antes del verano Los olvidados de los olvidados,con textos de Carlos Taibo e ilustraciones de Jacobo Pérez-Enciso. Un recorrido por siglo y medio de anarquismo en España. Un libro muy pedagógico que permite plantear debates muy interesantes sobre el peso del anarquismo español. Pérez-Enciso ha dibujado asiduamente en El País, El País Semanal o VogueCarlos Taibo es profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid, ha publicado una treintena de libros y sus textos son muy difundidos por la Red.
En vez de hacer una crítica de la publicación hemos preferido que Carlos nos cuente los pormenores de la misma, que repasa junto a temas desconocidos, otros controvertidos, tanto históricos como actuales.
¿Qué te movió a publicar ‘Los olvidados de los olvidados’?
La lectura de dos libros que pretendían explicar la guerra civil a los jóvenes me produjo cierto malestar. En esos textos, y como es de costumbre, el mundo anarquista era ninguneado. La Transición ha alimentado, en relación con ese mundo, tres discursos: el olvido, la demonización y el designio de subsumir a los anarquistas en el carro general de “los republicanos”. Creo que todo lo anterior merecía una réplica.
A estas alturas, el movimiento libertario ibérico todavía es desconocido, ignorado, silenciado y siempre manipulado. Comportamiento compartido por socialdemócratas, leninistas…, no solo por la derecha política. ¿Cuáles son los motivos principales?
El mundo libertario ha sido siempre incómodo, empeñado como está en cantar las verdades del barquero en lo que hace a la miseria de nuestra realidad política y económica. No hay, por lo demás, ninguna manera sensata de encajarlo dentro de la política al uso. Por eso las más de las veces no ha quedado más remedio que distorsionar su condición o, mejor aún, olvidar que existía.
Siglo y medio de anarquismo patrio que ha tenido mucha más relevancia de la reconocida. ¿Cuáles serían para ti los hitos más relevantes?
Acaso son la fundación de la CNT en 1910 y la revolución social desplegada durante los primeros meses de la guerra civil. Por detrás de esos hitos, y de otros muchos, hubo un movimiento que configuró lo que Chris Ealham describe como la cultura obrera y campesina más viva de la Europa anterior a la segunda guerra mundial.
¿Acontecimientos como los de Mayo del 37 en Barcelona marcaron un antes y un después en la historia del movimiento obrero nacional?
Permitieron, ciertamente, el definitivo arrinconamiento de todo lo que oliese a revolución social y abrieron el camino a lo que varias décadas después fue el sindicalismo de pacto que hoy padecemos. De por medio, hicieron evidente el fracaso general de la estrategia de colaboración con las instituciones republicanas postulada en los meses anteriores por la CNT-FAI.
¿Qué te viene a la cabeza cuando algunos todavía mantienen que el anarquismo, y los ‘poumitas’, eran aliados de Franco?
La afirmación retrata la indigencia mental de quien la formula. Pero creo que apenas hay nadie que se sirva decir hoy tonterías de ese calibre. Con la excepción, acaso, de un connotado dirigente de la socialdemocracia española.
Una historia también con contradicciones que, de alguna manera, también ha marcado, como por ejemplo ministros y alto cargos institucionales anarquistas, creación de partidos libertarios…
La contradicción mayor se hizo valer en julio de 1936, cuando anarquistas formados y con experiencia decidieron darle una oportunidad a los restos de una República que en modo alguno lo era de trabajadores. Entre tanto, y no sin paradoja, muchos de los militantes de base de la CNT, y en su caso de la UGT, se entregaron al desarrollo de una revolución social que demostró que para nada precisaban de empresarios, capataces y burócratas.
La CNT surge con mucha fuerza después de la muerte del general Franco. ¿Podemos afirmar que el Caso Scala (incendio provocado de la discoteca Scala de Barcelona en enero de 1978, en el que murieron cuatro trabajadores) fue una operación de Estado contra la CNT?
No cabe duda. Había que cortar de tajo el crecimiento de la CNT, y en general el del mundo libertario. Cierto es que las divisiones internas, y en muchos casos la incapacidad para adaptarse a un escenario cambiante, tampoco fueron precisamente de ayuda.
¿Por qué se asimila anarquismo con violencia?
Forma parte de la estrategia general de demonización y de la necesidad paralela de buscar enemigos que justifiquen el mantenimiento de un formidable aparato represivo. La tarea creadora del anarquismo entre nosotros –y también hablo del presente– apenas suscita, en cambio, atención.
Algunos mantenemos que buena parte de lo surgido en el 15M estuvo marcado por nuestro pasado libertario, que está más presente de lo que se cree. ¿Qué opinas?
Creo que es cierto en relación con determinadas manifestaciones del 15M, que en efecto buscaron el camino de la asamblea, de la autogestión y del rechazo orgulloso de los liderazgos. Por lo demás, el carácter hiperdescentralizado del movimiento engarza con una cultura política que, en este terreno y entre nosotros, bebe claramente de códigos libertarios.
Cuando el ‘común’ se transforma en poder, juego institucional…, ¿qué queda?
Queda la absorción, a menudo vergonzante, por el poder y sus reglas. No conozco ningún ejemplo que ilustre cómo desde las instituciones se ha respaldado de manera consistente y prolongada a espacios autónomos autogestionados y desmercantilizados. Cualquier espacio ganado por la autogestión es, por definición, un espacio perdido por las instituciones.
Como conversamos en la última Universidad de Verano del Campo de Cebada, ¿qué es ser libertario en el siglo XXI?
A mi entender, significa defender la autogestión, la desmercantilización, la despatriarcalización y la definitiva descolonización de nuestras sociedades, desde la conciencia de los retos que se derivan de un colapso que bien puede ser inminente.
¿Qué diferencias pueden existir entre libertarios, anarquistas, consejistas, autónomos, situacionistas…?
En muchos casos, las diferencias son anecdóticas. Prefiero prestar atención a la distinción que vinculo con los adjetivos “anarquista” y “libertario”. Si el primero remite, mal que bien, a una adhesión a determinados principios y conductas, el segundo bien puede dar cuenta de la condición de muchas personas que, espontáneamente, practican esos principios y desarrollan esas conductas sin necesidad de autoatribuirse la condición de anarquistas. Creo que en los países del Sur hay interesantísimos ejemplos de experiencias vinculadas con prácticas libertarias como las que se revelan, y son dos ejemplos entre muchos, en Chiapas y en Rojava.

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