lunes, 23 de diciembre de 2013

Conversando con Freedonia en el último número de La Marea

Hace unos días mantuve una conversación con los integrantes de Freedonia, parte de la misma sale publicada en el número 12 de www.lamarea.com correspondiente al mes de enero. A continuación un resumen más amplio de aquel conversatorio.

  Música negra para crear comunidad

La cita es un bar entre las madrileñas estaciones de metro Urgel y Oporto, junto a un local compartido de ensayo. Un día entresemana, última hora de la mañana. Canciones en la televisión, prensa deportiva en la barra, vecinas y vecinos que degustan el aperitivo mientras los más perezosos toman un café tardío. Conversamos con Freedonia sobre música con sabor a barrio y aroma renovador de antiguos alumnos procedentes de uno de los espacios más innovadores de formación musical, la Escuela de Música Creativa, alternativa a los conservatorios  de educación tradicional.

Llevan ocho años juntos. Eran y son sobre todo amigos unidos por su amor a la música negra. Se juntaron para pasarlo bien, disfrutar actuando en chiringuitos de playa intentando costearse las vacaciones. Tras conseguirlo varios años llegó el momento de dar un paso adelante, generar nuevos proyectos disfrutando siempre con el trabajo bien hecho. “Nunca hemos pensando en la industria, queremos pasarlo bien, con un punto en común; la música negra” comenta Israel uno de los fundadores del grupo. “Componemos en común, a partir de ideas que aporta cada uno de nosotros desarrollándolas colectivamente, utilizando las nuevas tecnologías, incluso con asambleas virtuales a través de Skype para que podamos participar todos los integrantes, ya que algunos no viven en Madrid. Pasando de egos y manías que solo te hacen perder el tiempo impidiendo crecer. Todos hemos aprendido individualmente, creciendo con la banda, tragándonos el ego, compartiendo y trabajando juntos”

Reconocen que las redes sociales han sido fundamentales para la difusión del grupo, conseguir la financiación colectiva para la grabación del primer disco garantizando la independencia creativa, creando comunidad. “Nos ayudaron con la cartelería, reportaje fotográfico, traducciones… se trata de crear un feedback entre todos, como con el 15MparaRato, nadie se atreve a meterle una querella, pero nos juntamos y se la metemos”.

Si en estos momentos es complejo desarrollar propuestas poco convencionales, en el caso que nos ocupa lo es mucho más al tratarse de una banda compuesta por once integrantes, diez músicos y un amigo de toda la vida que hace las funciones de manager, que funciona de manera asamblearia, autogestionada, organizados como asociación cultural. Cada uno de los componentes, además de su vertiente artística, tiene una parcela concreta que cubrir para garantizar una independencia que permita marcar los tiempos buscando coherencia con una filosofía de vida. Los roles están asignados según la capacidad de cada uno. Negociación de contratos, diseños, fabricación de disco, distribución, tienda online, redes sociales, tesorería, crowdfunding… con la colaboración de alguna persona de confianza que no actúa, como Maite Moreno que les lleva la prensa tras dejar la Cadena Ser.

Si lo anterior no es fácil, la labor se complica cuando las obras son registradas con licencias Creative Commons, algo que se mira con recelo en el mejor de los casos y con desprecio en la mayoría de las ocasiones. “Una manera de plantar cara al monopolio de las industrias musicales. Cuesta, pero tiene sentido intentar ser como somos, como pensamos” – comenta el otro Israel de la banda. El desconcierto aumenta cuando comprueban que una gran empresa utiliza sus canciones con objetivos comerciales cuando las licencias con las que están registradas lo impiden claramente. Las sociedades de gestión de derechos de autor recaudan por este tipo de reproducciones, pero hasta el momento no han recibido nada por ello, ni siquiera cuando su música se ha emitido en una campaña de publicidad en múltiples medios de comunicación a nivel nacional. Los grandes almacenes que encargaron la canción pagaron por su utilización, pero de lo recaudado por su emisión todavía no han percibido nada “esperemos abrir la veda y que a partir de esta campaña todo empiece a cambiar”, comentan.

Ni la cultura tradicional, ni la industria musical se posiciona nunca contra este tipo de atropellos, de arbitrariedades. Nadie interviene de oficio, actúa, denuncia. Cada músico, cada artista tiene que librar su batalla individual para que se reconozcan sus derechos y se respete la licencia que libremente ha decidido para la utilización de sus creaciones. A cada paso, un muro más grande. La Comisión Europea quiere poner fin a estas anomalías y dictará una normativa para que las sociedades de gestión reconozcan este tipo de licencias y los artistas reciban lo que les corresponde, comentó recientemente un responsable de la SGAE.

Pero lo fuerte de Freedonia es un potente directo donde combinan temas propios con versiones de  Etta James, Marvin Gaye o Barbara Acklin que les ha llevado a tocar por salas de todo el país que llenan habitualmente; a participar en festivales especializados, a ser nominados a varios premios musicales, consiguiendo dos premios Pop-eye (Mejor Canción Nacional por “Heaven Bells” y Mejor Banda de Música Negra) y un Premio Guille 2013 (Mejor Grupo en la categoría Músicas Negras). Incluso forman  parte de proyectos innovadores como que sus seguidores de una ciudad concreta se conviertan en promotores  para que el grupo actúe en la misma.

“Lo que diferencia a Freedonia de otros grupos es que hemos hecho una comunidad”, comenta Maika, la cantante. Toda una filosofía en momentos inciertos para la cultura. “El futuro es abrir fronteras y desarrollar proyectos propios. El nuestro pasa por buscar un espacio donde desarrollar nuestras actividades, conciertos, dar clases, recibirlas, hacer un coro con los vecinos del barrio…” concluyen.

Pero no son los únicos en poner en marcha proyectos en una dirección similar. Los sevillanos Pony Bravo son una referencia en la utilización de licencias Creative Commons. En el año 2008 crearon El Rancho Casa de Discos para editor su propio material discográfico y el de su grupo paralelo Furia. En el 2003 surgió en Valencia Ortxata Sound System una propuesta musical a caballo entre la electrónica y la música popular. Son solo algunos ejemplos de propuestas autogestionadas que plantean la gestión de la música popular de manera diferente, con un sello propio que les identifica y diferencia de las que habitualmente conocemos por los medios de comunicación. 

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