jueves, 8 de diciembre de 2011

La cooperación cultural: herramienta fundamental para el desarrollo de los pueblos

A finales del mes de octubre tuvo lugar en Rabat el I Encuentro Internacional sobre Acción y Gestión Cultural celebrado en el Instituto Cervantes de la capital marroquí. Me invitaron a participar en una mesa redonda y hablar sobre “Comunicar la diversidad”. Un mes más tarde he tenido la oportunidad de asistir al I Seminàrio Nacional sobre Jornalismo Cultural celebrado en Maputo, la capital de Mozambique. La invitación partió de la responsable del Programa ACERCA, Clara Ballesteros, de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), dos experiencias magníficas que merecen alguna reflexión.

Sobre la evolución de nuestro vecino del sur hemos tratado muy a menudo en este blog. Iniciativas pioneras en el campo cultural y el musical se han mostrado con amplitud, siendo en la mayoría de las ocasiones la única bitácora española en hacerlo. Para entender los cambios y transformaciones que se producen en cualquier lugar es evidente que la realidad cultural debe ser una fuente de análisis primordial. Quizás por lo anterior no llame tanto la atención el encuentro celebrado en Rabat. Lo singular es el ascenso de un escalón a la hora de afrontar la gestión cultural. La sociedad civil comienza a articularse en el campo de la cultura. Pequeñas empresas, asociaciones culturales, nuevas iniciativas de autoempleo que apuestan por una diversidad cultural con identidad, en contraposición a las propuestas comerciales de las grandes industrias culturales, del ocio y el entretenimiento. Un encuentro de una semana de estas características solo es posible cuando hay una necesidad real que suscita el correspondiente interés y en el de Rabat esto era evidente.

La cita mozambiqueña ha sido toda una sorpresa por varios motivos. El primero por ser un país absolutamente desconocido para la mayoría. En segundo lugar por su nivel socio-económico; ocupa el puesto 184 en el índice de desarrollo humano, con una esperanza de vida al nacer alrededor de los 50 años y, por último, por la organización de un encuentro internacional para reflexionar sobre la introducción de la disciplina de periodismo cultural como especialidad, en la Licenciatura de Periodismo, algo absolutamente insólito en nuestro entorno. A la cita organizada por la Escola de Comunicaçao e Artes (ECA) de la Universidad Eduardo Mondiane (ECA) y la Embajada de España a través de la AECID, asisten más de medio centenar de personas con una nutrida representación de académicos y profesionales de medios de comunicación del país e invitados de España y Brasil.

La realidad del periodismo cultural en Mozambique, la relación entre comunicación y cultura, la formación necesaria para ejercer el periodismo cultural, cómo comunicar la diversidad y la democracia cultural, la responsabilidad de los medios de comunicación públicos en la difusión de la cultura o las nuevas posibilidades del trabajo en red, fueron algunos de los temas abordados, completándose con un taller sobre formación en comunicación cultural.

Discusiones más o menos apasionadas, contrapuestas e ideas innovadoras para enmarcar una labor que habitualmente es realizada por especialistas, artistas y creadores. En la actualidad responsables políticos y educativos de algunos países en vías de desarrollo creen conveniente dotar, a los que realizan o van realizar esta actividad profesional, de la mejor formación que permita mostrar la riqueza y pluralidad cultural existente, generadora de nuevos recursos, contribuyendo a mejorar la imagen de dichos países en el exterior. Una apuesta de futuro, que va más allá de lo inmediato.

El papel de los países donantes de ayuda al desarrollo estuvo presente en alguno de los análisis e intervenciones. La importancia de que estudiantes y profesionales puedan acceder a las Tecnologías de la Información y el Conocimiento de la manera más rápida y económica, ahora que parece que todo el continente africano va estar conectado a la Red por fibra óptica, y la posibilidad de créditos blandos para la adquisición de equipos informáticos, fueron algunas de las recomendaciones que los países donantes deberían sugerir a los que la reciben para que el acceso a la información y el conocimiento sea una meta irrenunciable, favoreciendo la creación de mejores profesionales que contribuyan al desarrollo del país.

Si el encuentro constituyó una sorpresa por su contenido y por el papel primordial que nuestro país tuvo en su realización, no lo fue menos conocer la actividad cultural existente y el trabajo tan interesante desarrollado desde nuestra embajada.

El Museo Nacional de Arte está ubicado en un pequeño edificio de dos plantas donde se pueden observar obras muy interesantes de artistas desconocidos para nosotros, como Malangatana Valente Nguenha, Mankeu Valente Mahumana, Joaquim Francisco Makukula, Celestino Tomás o Samusone Makamo. La Associação Núcleo de Arte es un centro cultural que durante décadas ha sido punto de encuentro de artistas y creadores de la ciudad. El paso del tiempo y la dejadez han deteriorado el edificio, lo que no es obstáculo para que sigan desarrollando actividades mientras se rehabilita.

En dicho espacio el fotógrafo local Mário Macilau y el catalán Héctor Mediavilla muestran su visión en Gran Hotel, establecimiento hostelero que llegó a contar con 3.000 habitaciones, abandonado y actualmente ocupado en la ciudad de Beira. Tras la independencia, su sótano se convirtió en cárcel para presos políticos y durante la guerra civil (1977-1992) en campo de refugiados. Un mundo y muchas historias en tan solo un edificio. En la exposición encontramos libros antiguos de la colección particular de nuestro embajador Eduardo López Busquets, que pone de manifiesto la importancia que a la cultura presta nuestro cuerpo diplomático en el país. Entusiasmo que transmite su responsable cultural Héctor Castañeda, presente en todas las actividades y con el que se mantienen conversaciones y tertulias sin límite de horario, siempre interesantes.

Los artesanos antes diseminados por toda la ciudad, ahora tienen su propio espacio en Feima (Feria de Maputo). Cofinanciada por AECID y el ayuntamiento de la ciudad, un punto de encuentro donde adquirir artesanía, flores y deleitarse con la gastronomía del país. Un lugar de visita obligada como la estación del ferrocarril diseñada por Gustave Eiffel, la plaza de los Trabajadores o el mercado central del distrito de Baixa.

Aunque la información cultural ocupa su espacio en la prensa diaria, no existe ninguna publicación que difunda la mayoría de las actividades mostrándolas con cierta antelación. Nuestra embajada suple dicha deficiencia publicando la Agenda Cultural de la Semana, que recoge información sobre exposiciones, conciertos, jornadas, festivales, conferencias, rutas turísticas, teatro, danza… Labor que realiza la gestora cultural Alba Martín Luque, auténtica apasionada de su trabajo, realizadora además de un estupendo documental sobre la isla de Ibo –una de las que forman parte del archipiélago de Quirimbas, en el Océano Índico, al Norte del país– desde su esplendor hasta el ocaso, mostrando los pasos en marcha para su recuperación.

Son solo dos ejemplos de la importancia que la cooperación cultural tiene en las políticas de desarrollo. Nuestro país ha sido pionero en este campo, en momentos de incertidumbre como los actuales es una herramienta indispensable para desarrollar políticas de igualdad, corregir deficiencias y ayudar a mejorar las condiciones de vida de muchos pueblos y personas.

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