miércoles, 9 de noviembre de 2011

Comunicar la diversidad

La comunicación es parte de la cultura y como tal hay que entenderla. En momentos como los actuales es preciso tener más que nunca presente las circunstancias y características en las que se mueve. Crisis económica fruto de una globalización donde el auténtico poder es el financiero, con margen más que limitado para los gobiernos nacionales, como hemos podido comprobar recientemente con el referéndum frustrado en Grecia. Concentración mediática y revolución digital son signos de una realidad en la que nos batimos y que marcan cualquier tipo de acción divulgativa. Atrás queda el famoso cuarto poder que tambaleaba y hacía caer gobiernos e instituciones, cuyo objetivo principal era informar y denunciar abusos de cualquier signo, promoviendo la pluralidad. En el ámbito cultural la mayoría de las grandes empresas del ocio y el entretenimiento tienen intereses directos e indirectos en los medios de comunicación más conocidos, marcando por tal motivo las agendas, informaciones y opiniones de estos.
El capitalismo global, financiero y digital marca nuestro destino. Una globalización que aumenta diariamente su presencia en la cultura, convirtiéndose en la mayor amenaza contra  la misma, enfrentada a identidades artísticas locales, innovadoras… visibilizándose explícitamente en la involución de las lenguas minoritarias. Según William Merrill del Instituto Smithsoniano de Washington D.C., de las 6.000 lenguas existentes, la mitad desaparecerán en este siglo y solo una docena son mínimamente visibles. Nuestra historia, la de la humanidad, en vías extinción.
Medios y corporaciones que no tratan de igual manera una iniciativa promovida desde una industria, una propuesta independiente u otra ligada a la cooperación y el desarrollo cultural. España encabeza el ranking mundial de obras editadas con licencia libre, Creative Commons, pero es prácticamente imposible enterarse de alguna de estas referencias en los grandes medios. Más de diez millones de creaciones se han distribuido en nuestro país bajo este tipo de licencia y prácticamente ninguno se ha hecho eco de ninguna de ellas. La industria cultural (IC) apoya mayoritariamente aquello que supone rentabilidad económica exclusivamente. En un reciente debate sobre comunicación y cultura celebrado en Madrid, el representante de un diario de difusión nacional presumía de enviar a la papelera todos los correos electrónicos que recibía a diario, aprovechando de paso para ridiculizar a los profesionales de la comunicación cultural independiente. Por fortuna, la mayoría de los profesionales no actúa así, pero ilustra la manera de pensar y actuar de algunos sometidos a marcas y productos de consumo fácil. En contraposición, el periodista Miguel Mora comentaba al recibir el Premio Francisco Cerecedo la importancia del trabajo colectivo desde distintos lugares, para completar y enriquecer una información, mencionando la labor realizada por el Financial Times ante “la crisis de pánico desatada en Europa por el anuncio de referéndum en Grecia”.
Silencios y globalización informativa forman parte de una estrategia perfectamente orquestada y magníficamente dirigida. Los países del llamado primer mundo controladores de la cultura material, dirigen sus pasos, como muy bien detalla el catedrático Ramón Zallo en “Estructura de la comunicación y la cultura” (Gedisa 2011), para controlar lo inmaterial, lo intangible, el saber y el conocimiento. Para lograrlo se precisa la mayor concentración mediática, grupos multimedia que desarrollen programas en Internet y presencia en corporaciones fabricantes de equipos electrónicos. Solo algunos medios de comunicación públicos y cientos de propuestas autónomas garantizan cierta equidad, difundiendo iniciativas ajenas a las grandes industrias del ocio y del entretenimiento masivo.
La aparición de las Tecnologías de la Información y el Conocimiento (TIC) han cambiado en parte dicha realidad, modificando las formas de comunicación y las maneras de relacionarse.
Los que realizamos actividades en el ámbito de la cultura al desarrollo, en la cultura independiente, apostando por la diversidad cultural, la resistencia ante la globalización cultural es un eje irrenunciable, como también la incidencia promoviendo la recuperación de espacios de profundizando democrática y la disidencia ante la presión de las industrias. Una manera de actuación ante la hegemonización, el discurso y la visión dominante, otra forma de intervenir políticamente. Valores en construcción para intentar conseguir mejorar la calidad de vida, modelos diferentes donde la participación colectiva es indispensable, sin renunciar el derecho a la utopía.
En plena crisis de un modelo que no da más de sí, con recortes inimaginables en nuestro mínimo estado del bienestar, donde lo realmente importante es salvar el sistema financiero y no a los ciudadanos y ciudadanas, nos encontramos con unas plazas atestadas de personas, la ocupación de espacios abandonados al servicio de los más débiles y un debate plural sobre posibles alternativas.
¿Qué está pasando? El divorcio entre clase política y ciudadanía parecen evidentes. La intimidación permanente se rompe, el aislamiento se fragmenta, y el miedo se pierde. Discursos que justificaban las medidas tomadas que el trascurrir del tiempo han puesto de manifiesto su poca utilidad, han puesto en evidencia a sus propagadores perdiendo la credibilidad ante una buena parte de la ciudadanía, quizás la más activa. Desasosiego y angustia auspiciados desde el poder se rompen al rechazar cada vez más personas el individualismo y la soledad impuestos como forma de desmotivación colectiva. Se trata de recuperar el ágora ciudadana, el punto de encuentro, de debate, de decisión. No nos representan se ha convertido en un grito multitudinario en calles y plazas de todo el mundo ejemplo contra la resignación, la manipulación, la impunidad. Realidad que muchos desprestigian y otros quieren convertir en un nuevo espectáculo mediático, ejemplos de subordinación de los medios al poder económico y/o político.
No acaban de comprender la importancia de la autocomunicación, siguen sin entender, ni valorar, lo acontecido en las calles de Atenas, Madrid, Roma, El Cairo, Túnez, Tánger, Nueva York… incapaces de percibir que la rebeldía es un valor ante el poder mundial de los mercados, y la parálisis y dejadez de los gobiernos nacionales.
Un valor que apuesta por proposiciones no habituales estimulando la acción y la labor común, contribuyendo a romper, como bien indica Armand Mattelart, el modelo vertical de información. Un reto basado en la descentralización y participación, en la horizontalidad implicando y haciendo partícipe a todos los intervinientes, fomentando la comunicación multidireccional. Lo importante ya no es el medio sino el mensaje, superando la jerarquía entre emisores y receptores y la subordinación informativa a la rentabilidad económica. Todo cambia como indica el Profesor Manuel Castells “el poder depende del control de la información, el contrapoder de romper dicho control”.
No entienden las revueltas en Francia en 2010. Miraron con simpatía a las primaveras árabes y al mismo tiempo despreciaron a los opositores de la llamada Ley Sinde, cuando era evidente que dicha norma no pretendía la defensa de nuestra creación, más bien se trata de un  instrumento al servicio de las industrias del entretenimiento norteamericanas, como se puso de manifiesto al hacerse públicos los intercambios de mensajes entre representantes de gobierno y oposición de EE UU y España, que Wikileaks reveló. Mientras trataban de controlar La Red, algunos de los máximos defensores de la Ley Sinde eran cercados por los Cuerpos de Seguridad del Estado para acabar detenidos con cargos, evidenciándose un importante cúmulo de irregularidades y despropósitos. Significativo silencio de la mayoría de los que criminalizaron a los opositores a dicha ordenanza ante lo acontecido, nadie parecía enterarse de nada, solo interesaba recibir los emolumentos con regularidad. 
En paralelo se desarrollan modelos de comunicación emergentes, consolidándose y visualizándose  movimientos como No Les Votes, Democracia Real Ya, Juventud Sin Futuro, Plataforma de Afectados por la Hipoteca… a los que nadie parece prestar atención. Su capacidad de movilización se evidencia el 15-M consiguiendo la simpatía y aprobación de la mayoría de la población, como confirman todas las encuestas sobre el tema, a pesar de la descalificación continua recibida por buena parte de los medios de comunicación y de la clase política, que no dudan en calificarlo en algunas ocasiones como un movimiento antisistema, impulsores de la guerrilla urbana, relacionado con el terrorismo de ETA.
La convocatoria del 15-O a nivel mundial saca a la calle a millones de personas en más de mil ciudades de cien países de los cinco continentes. Salen sin banderas partidistas, sin consignas oficiales, sin líderes reconocidos. Son los únicos que parecen entender que ante un poder globalizado donde los gobiernos nacionales tienen escaso margen de actuación, es preciso una respuesta internacional. Una movilización realizada por Internet que deja atónitos a medios de comunicación, representantes políticos, sindicales y vecinales, que abre los informativos y las portadas de todo el mundo.
Se siguen desarrollando nuevas formas de participación, decisión, creando todo un proceso democrático desconocido donde se involucran personas de diversa condición, edad, procedencia y creencias. La descentralización en barrios y pueblos consigue que el movimiento tenga más presencia entre la ciudadanía, conformando con la autocomunicación unas señas de identidad que lo diferencian.
La persuasión es la tercera. Basada en la credibilidad de la acción, el contenido, la claridad, la continuidad y la utilización de múltiples canales, desde los convencionales a los digitales, pasando por métodos de difusión clásicos de barrios y pueblos (pegadas de carteles, mesas en plazas, asambleas vecinales…) han permitido que un movimiento que no llega al medio año de existencia se haya convertido en un referente mundial. Parte del éxito es debido a una comunicación novedosa que combina todo tipo de instrumentos y herramientas, ensamblándolas conjunta y coherentemente, teniendo siempre presente el más apropiado para cada intervención y acción. Una manera de romper el silencio mediático, ejemplo para difundir aquello que a los medios convencionales no les interesa divulgar.

3 comentarios:

Isapacheco dijo...

Supongo que es inutil insistir. se me ha roto el tiempo, una tragedia. Ni te cuento si le pasa algo al iPad que no tengo. Hubo un tiempo en el que la cultura tenìa valor, incluso de mercado. Por unos minutos, mantuvimos la respiraciòn en suspenso.

Isapacheco dijo...

Supongo que es inutil insistir. se me ha roto el tiempo, una tragedia. Ni te cuento si le pasa algo al iPad que no tengo. Hubo un tiempo en el que la cultura tenìa valor, incluso de mercado. Por unos minutos, mantuvimos la respiraciòn en suspenso.

Rubén Caravaca dijo...

Isa pero todo ha quedado a merced de los mercados y la cultura es un derecho, una forma de vida diferente, diversa, plural... que nos enriquece, no debemos uniformarla.