jueves, 28 de enero de 2016

Construyendo democracia cultural en Madrid


Texto publicado el pasado lunes en el Blog El País de la Fundación Alternativas.


En círculos cercanos se plantea con cierta frecuencia ¿qué cambios se están produciendo en los nuevos ayuntamientos? Hablemos de Madrid, mi ciudad, y de un ámbito concreto, la acción cultural. Partimos de inercias, dos décadas y media, complejas de alterar por perezas, compromisos que hipotecan y/o motivos legales.

Pero hay cambios más que evidentes. Apuesta electoral clarísima de Ahora Madrid por la democracia cultural. Posicionamiento que traza unas líneas de intervención totalmente diferentes. Si durante décadas se ha apostado por qué todas tengan acceso  a la cultura –democratización cultural- el equipo de Carmena apuesta para que todas, además de acceder, podamos crear cultura  -democracia cultural-.

No es un cambio baladí, es transformar la prioridad centrándola en las personas, no en los equipamientos, ni en el ladrillo. Las actividades organizadas por el ayuntamiento central pasan de realizarse, casi exclusivamente, en los distritos centrales a los barrios. Cuando la Dirección de Actividades Culturales apuesta por trasladar los carnavales del centro a Tetuán o el Año Nuevo Chino a Usera, es una apuesta política, no geográfica, ni populista, así hay que entenderla. Postura que no es exclusivamente vertical-geográfica, también horizontal-económica. Los recursos destinados son decididos por todos los implicados (administración, asociaciones, colectivos, personas…).

Todo ello implica una nueva política económica de la cultura. Los recursos existen y políticamente se decide como gestionarlos con medidas como qué en las contrataciones públicas primen los contendidos y no solo la cuestión económica, como hasta ahora. Cambio imprescindible para que todas puedan acceder a los recursos públicos, y no solamente grandes empresas que entienden la cultura como algo residual para complementar sus otros negocios, normalmente relacionados con el ladrillo y la restauración o para hacer favores delictivos, Operación Púnica. Con medidas como las anteriores se pretende reducir la precariedad de buena parte del sector cultural independiente.

Pero es mucho más. La administración municipal cree en sus vecinas. Cuando Jorge García Castaño –concejal del distrito Centro- impulsa un proyecto ciudadano como Construyendo Cultura, de ello hablaremos en otro texto próximo, es otra apuesta política, pero también de confianza. La posibilidad de que la ciudadanía cogestione contenidos y recursos culturales es fruto de una confianza ganada, no regalada. Si en el distrito se han desarrollado espacios durante años, de manera voluntaria y autogestionada, como Patio Maravillas, Campo de Cebada, Esta es una Plaza o La Cornisa es una prueba de que la ciudadanía sabe y puede gestionar directamente. El ayuntamiento solo da los pasos para que sea posible.


La falta de democracia en la cultura gestionada desde los municipios solo se podrá transformar desde las periferias. En la época de las multitudes hay que volver a la animación cultural, la gestión es el pasado.

martes, 26 de enero de 2016

Adiós Leila Alaoui, fotógrafa de los invisibles



Artículo publicado ayer en El Español.
Se encontraba en la capital de Burkina Faso, Uagadugú, trabajando en un proyecto de Amnistía Internacional. Su inteligencia, simpatía, ilusión, sensibilidad y belleza no han podido con las armas que cada día siembran de sangre mercados, calles, plazas, restaurantes, mezquitas, metros, ferrocarriles, aeropuertos u hoteles. Leila Alaoui es una de la treintena de personas ejecutadas por proyectiles que toman el nombre de Alá en vano.
Le ha tocado a ella, era una de las nuestras. Si nos tocan a una nos tocan a todas, pregonamos una frase, que es mucho más que una oración. Una persona generosa que con sus imágenes e instantáneas daba existencia a lo que no es habitual, ni fácil, a veces ni recomendable, simplemente la vida. Las vidas de aquellos que nunca aparecen en los grandes medios, ni en publicaciones masivas, con suerte en museos y galerías, el exotismo vende, la multiculturalidad genera ciertos toques de elegancia y consideración.
Era capaz de plasmar en una imagen realidades muy sórdidas. Poner luz a las tinieblas. Generar confianza en mundos inexistentes. Captar una sonrisa, su sonrisa lo hacía posible.
La recordamos en Madrid, en el Colectivo La Latina. Su primera exposición en la ciudad: “Mujeres marroquíes en primer plano de la escena”, una galería de retratos de 28 artistas, mujeres de las letras y de las artes entre las que se encontraban escritoras, artistas plásticas, cineastas, fotógrafas, estilistas, actrices o músicas. Tenía 28 años, verano de 2011.

Amabilidad, ternura, simpatía y cariño desprendía en cada mirada, palabra, gesto, explicación. Todas y todos tratados con el mismo afecto y respeto. Era imposible no estar pendiente de ella, la dulzura en persona. Apego y tacto exquisitos reflejados en la obra expuesta. Todos preguntando, demandando información sobre cada una de sus fotografías, las cartelas eran manifiestamente insuficientes. Interacción activa algo imposible en los grandes museos.
Del CEPI Marroquí próximo se acercaron un buen número de mujeres de mediana edad, todas magrebíes. Unas con yihab otras sin velo. La emoción se palpaba y contagiaba. No era una gran galería, ni un gran museo, pero sí un lugar cálido, cercano, amable, estaba, se la notaba muy a gusto, en su salsa que diría un castizo del barrio vecino de Lavapiés.

SER DEL SUR
No acababa de entender, era habitual la pregunta: “¿Por qué me habéis elegido para que expusiera?”. Por su talento, por lo que representaba, como mujer joven, como magrebí, no había ni más explicación, ni más disquisiciones.
El lunes nos dejó. No sabemos, ni seguramente sabremos, si a las detonaciones que la hirieron habrá que unir la negligencia de responsables marroquíes y franceses, sus dos nacionalidades precipitando su desafortunado abandono. Su familia elevó la queja, las autoridades galas investigan. La cruel realidad es que ya no está entre nosotros.
Un 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, también en Madrid, Beirut, París, todo el sur del Mediterráneo… lugares para darles vida, sin ser consciente que su cámara y su vida, se iban a apagar en un lugar inimaginable. Un lugar, cómo otros muchos, donde la vida no parece valer la pena.
Leila es otra esas mujeres árabes que peldaño a peldaño muestran todos los días que ellas, las musulmanas, realizan su trabajo igual que cualquier otra.

Para muchos su ausencia será indiferente, para otros una mirada, otra más, donde reflejarse para relatar lo que mostró con su objetivo y su mochila, fiel acompañante. Leila es otra esas mujeres árabes que peldaño a peldaño muestran todos los días que ellas las musulmanas, las africanas, las de cualquier lugar del mundo, realizan su trabajo igual que cualquier otra. Ser de Sur no es ser menos, igualdad con el hándicap de tener que realizarlo en peores condiciones de todo tipo y menos medios.
El atentado de Uagadugú es otros más de violencia inexplicable. Terrorismo que donde más duro castiga es los territorios donde se engendra y dice defender, Leila víctima de una muerte injusta, como tantas otras. Para algunas hay gestos masivos incluso simbólicos, para otras ni eso. ¿Alguien ha visto, estos días, Yo también Soy Burkina Fasso en alguna red social o viñeta?

Adiós compañera.