domingo, 19 de junio de 2016

Conversando con Pablo Rubén Maldonado: ‘Flamenco en el backstage: cante, baile… Y piano" @Elasombrario


El músico Pablo Rubén Maldonado.
El músico Pablo Rubén Maldonado.
Conversación publicada en El Asombrario.
Pablo Rubén Maldonado es un músico inquieto al que le gusta perderse en todo arte que alimente el espíritu, siempre aprendiendo y en constante evolución. No le gustan las rutinas. Estudió música clásica e inmediatamente compaginó la sensibilidad de la misma con el flamenco; su padre tuvo mucho que ver con ella, aunque no lo supiera. Es de los pocospianistas flamencos que está abriendo espacios nuevos para el cante, en los escenarios y poniendo en marcha iniciativas como Flamenco en el Backstage, cita obligada en el centro de Madrid a lo largo de este mes de junio.
¿Payo o gitano?
Primero ser humano y después orgulloso gitano.
¿Lo anterior influye a la hora de mamar, amar y desarrollar lo flamenco de una o de otra manera?
No necesariamente. Depende de las circunstancias de cada uno. Para aprender algo cuanto más joven lo hagas, sobre todo el arte, es mucho más fácil, pero para desarrollarlo y amarlo uno tiene que profundizar y eso lleva tiempo, años…
Familia de músicos; ¿se puede decir que eres un músico de escuela fraguado en ella fusionando lo académico, lo más rígido y lo formal con lo aprendido en la calle y en los espacios mágicos del flamenco más popular de Granada y otras ciudades?
Tu pregunta es una afirmación. La rigidez de haber estudiado en el Conservatorio la carrera de piano y la frescura y el rejuvenecimiento constante en el que están las músicas llamadas populares, aunque sabemos todos que son músicas intelectuales y minoritarias como la clásica, me han proporcionado un equilibrio musical que me produce una satisfacción gratamente alta, pues el espectro creativo que tengo es muy amplio y no me cierro a nada, aunque mi centro siempre es el flamenco.
Yo digo siempre que de Granada salí en bruto, con mucha ilusión e ingenuidad. Pensaba que mi camino con un disco de piano flamenco me sería fácil abrirme camino en Madrid. Pero cuando llegué a esta gran ciudad, me topé con la realidad abrumadora de todo su esplendor artístico. Mi primer pianista que vi en directo fue a Caramelo y mi sensación fue una mezcla de frustración, miedo y por otro lado de alegría y superación personal, pues vi como una gran oportunidad que se me presentaba en mi vida poder estar en una ciudad como Madrid, ya que se cocía flamenco, jazz, latinoamericana o clásica en un mismo lugar y con un nivel que sabía que, si lo aprovechaba bien, conseguiría estar en constante evolución.
¿Se aprecia, se valora, el flamenco, el cante arropado por piano?
El feedback que estoy recibiendo cada sábado por el público es que sí. Con la mayoría de los cantaores que suelo invitar tengo muy buena conexión, pero quizás deberían ser ellos los que contestasen a esta pregunta. Es cierto que aún es pronto para hacer un diagnóstico, ya que podría afirmar que soy el único que se está especializando en esta disciplina. Si escuchamos los discos o vemos conciertos de los pocos locos que nos dedicamos al piano flamenco, apenas hay grabaciones por soleá, seguidillas u otros estilos grandes del género con piano y cante. Puedo afirmar que la grandeza de este instrumento tocado como un piano y no como una guitarra puede otorgarle al cantaor una fuente de inspiración que puede llevar el cante a otro nivel y a otras posibilidades de interpretar los diferentes estilos. El proyecto que he terminado, que surge del Backstage, va en esta vertiente y en esta búsqueda de un lenguaje propio del piano; estoy encontrando otras armonías, formas rítmicas y melódicas que naturalmente son más cómodas y naturales técnicamente hablando, ya que importar los ornamentos de la guitarra, casi siempre (bajo mi punto de vista) no suenan auténticos y restan majestuosidad al piano. Por primera vez me empiezan a gustar más algunos cantes mecidos por el piano que por la guitarra, y esto pensaba que nunca lo diría.
¿Qué parte hay que mantener de tradición y qué de innovación?
Esto es muy personal de cada artista, es el mismo dilema de siempre. Convivo con ambas, ya que el pasado y el presente son algo natural de la vida misma. La tradición flamenca la admiro, respeto y tomo prestado todo lo que me llena el alma, pero, por mucho que se empeñen algunos y algunas, jamás se podrá tocar, cantar o bailar como nuestros antepasados, porque sus vivencias y experiencias son únicas, por lo tanto es imposible que yo las sienta y viva como lo hicieron ellos y ellas.
¿Arriesgar puede ser un arma destructiva…?, ¿o solo el riesgo merece la pena?
Si arriesgas en algo en lo que verdaderamente crees, merecerá la pena; si no lo haces, te arrepentirás algún tiempo, pero no se acaba la vida. Para mí los fracasos son un aprendizaje.
García Lorca tocaba, La Argentina cantaba, ¿a quién de los que te han acompañado recuerdas con especial emoción?
Casi todos con los que he trabajado me han emocionado en algún momento, pero destacaría a bastantes artistas que pasan por el Backstage. Dos cantaoras sublimes: Chelo Pantoja y Mayte Maya. Cantaores: Pedro El Granaíno, Enrique El Piculabe o Antonio Campos. En Baile: Farruquito. Percusión y batería: mi casi hermano Moy Natenzon. Contrabajo: Cómo no, mi Yelsy Heredia.
¿Con quién te gustaría verte acompañado y todavía no ha sido posible?
Israel Galván, Antonio Canales, la Yerbabuena, Rocío Molina…
¿Quién fue tu Argentinita particular?
Duquende o Pedro El Granaíno. Me matan sus voces, su cante es muy auténtico. Remedios Amaya o La Susi. También muero con ellas.
Te atreves con la música afro-caribeña, pop, tango, funky o el jazz; eso puede crear controversias entre los más puristas, ¿cuáles han sido las reacciones?
Pues la verdad es que donde hice más notable todas estas influencias fue en mi segundo disco, Fuera de la realidad, y le otorgaron el Premio Nacional Flamenco Hoy al mejor disco instrumental, así que creo que fueron buenas. Por otro lado, me siento querido y lo que más apreciamos los artistas es que me siento respetado por mis compañeros. Eso es un regalo de la vida. Siempre digo que toco flamenco, otras músicas y culturas lo han engrandecido antes, ¿Por qué negárselo ahora? Yo no sé lo que aportaré a la música, lo que sí sé es lo que me ha aportado a mí ella. Riqueza y belleza en todo lo que hago.
El flamenco en directo parece estar monopolizado por determinados promotores, que siempre programan a los mismos artistas. ¿Qué responsabilidad tienen estos últimos en ello?
Es algo complejo de contestar, pues casi siempre ha sido así. Para el que comienza es duro y no es fácil encontrarte con caminos llanos. En estos tiempos de crisis resulta todavía más difícil encontrar a programadores que apuesten por nuevos valores. Puedo llegar a entender que si el festival lo organiza una entidad privada quiera correr el mínimo riesgo posible, pero cuando se trata de festivales gestionados con dinero público me entristece bastante que no haya lugar para tanto artista emergente lleno de talento. La figura del telonero en el flamenco no existe y creo que ayudaría a muchos a dar luz a sus proyectos.
Has creado Flamenco en el Backstage, ¿en qué consiste?
Pues justamente una de las razones por las que creé el Backstage fue porque estaba harto de esperar a que algún manager o programador me diese una fecha en alguno de los numerosos festivales de flamenco que hay en el mundo. Uno llega a pensar que no tiene talento suficiente como para estar en ellos. El Backstage me permite tocar todos los sábados y con quien me da la gana, siempre y cuando pueda esta persona, por supuesto, pero nadie me impone nada. Soy libre. El Backstage es un sueño cumplido, porque reúno a pedazos de artistas cada fin de semana para experimentar, conocidos y gente novel, pero con mucho talento, sin la presión de un teatro o un tablao.
La filosofía es hacer sentir al público y a los artistas como si estuviésemos en el salón de mi casa; es por eso que todo lo que decidimos llevar a cabo lo comentamos en voz alta con el público, desde lo que se va a bailar hasta el tono que canta el cantaor. El otro atractivo es que el público es partícipe con preguntas o comentarios que hacen aun más amenos estos encuentros, como yo los llamo. Además, lo realizamos en un espacio mágico como es el aula número 4 del emblemático Centro de Danza Amor de Dios. Siempre invito a un bailaor y un cantaor. El público se sienta alrededor nuestro, a veces hasta en el suelo, gente de pie, hay mucha autenticidad en el Backstage, son palabras de todos los artistas que vienen, porque tienen la posibilidad de hacer lo que quieran, nadie impone nada, somos libres como el verdadero arte.


¿Hay que pasar a crear y desarrollar otras propuestas en directo para llegar a otros públicos y salir de una cierta espiral, que parece demasiado cerrada? ¿Demasiada endogamia?
Lo estamos haciendo desde hace mucho tiempo, lo que ocurre es que los que deberían enterarse creen que el arte se gestiona solo desde un despacho y van como siempre tarde. La gente joven es la que trae savia nueva y esto en nuestro país aún no lo aprendemos. Es importante que tengan su espacio como lo tienen los que gozan ya de experiencia.
¿Hay que acabar con tantos formalismos?¿Compartir y sentir de otra manera?
No. Como decía al principio, hay que tener un equilibrio; pero si quieres romper esos formalismos como han hecho los grandes, antes tienes que conocer muy profundamente las raíces, por eso yo estoy en medio, haciendo, eso sí, lo que me gusta sin que nadie me imponga nada.
¿Quedan espacios en Madrid para escuchar flamenco en la intimidad?
Yo no los conozco, eso es mas de Andalucía.
¿Qué nos puedes contar de tu último trabajo?
Pues es algo inédito. Un DVD en directo grabado en el estudio de mi casa. Soy un gran aficionado al cante y al baile, un enamorado de estas dos disciplinas. He recopilado cantes antiguos del flamenco interpretados por artistas que han ido pasando por el Backstage, la mayoría jóvenes como yo, con la intención de grabarlos todos acompañados del piano, algo que no hay hasta ahora, que yo sepa. Grabarlo en vídeo para mí era muy importante, porque los gestos, las caras dicen mucho, transmiten más aún, es más auténtico.
Es un trabajo que, como te decía al principio, me está permitiendo desarrollar un lenguaje lo mas pianístico posible en lo que se refiere al acompañamiento. He grabado cantiñas, tanguillos o fandangos por soleá entre otros estilos. En total, 11, con la colaboración de artistas como Juañares, Naike Ponce, Juan Debel, Chelo Pantoja, Israel Fernández, entre otros.
Echaba en falta un disco improvisado, donde los artistas cantasen libres y yo poder improvisar libremente, como el flamenco de antaño, obviamente con sus pros y sus contras. Grabábamos varias tomas y la que nos gustaba se quedaba, sin editar, salvaje, como yo digo. Como me encanta el vídeo y la fotografía, pues me he encargado de todo, desde la grabación hasta la edición del vídeo. Es una auto-producción en toda regla. Mi intención es hacer una antología, no solo de cante, sino también de baile, pero poco a poco.
‘Flamenco en el Backstage’. Días 11, 18 y 25 de junio. Aula número 4 del emblemático Centro de Danza Amor de Dios. C/ Santa Isabel, 5. Mercado de Antón Martín, segunda planta. 

sábado, 4 de junio de 2016

"Volver a William Morris en la era de los sucedáneo" texto publicado en @Elasombrario

Texto publicado hace unos días en El Asombrario.

William Morris.

Se cumplen 120 años del fallecimiento de William Morris, poeta, arquitecto y crítico social británico, fundador del movimiento Arts and Crafts. La editorial Pepitas de Calabaza acaba de publicar su trabajo ‘La Era del Sucedáneo’, donde critica la alienación y la división del trabajo, proponiendo una nueva relación entre artistas y empresarios como reacción a una sociedad “desprovista de valores humanos”. No puede estar más de actualidad.
Viene a la memoria Morris tras leer algunos contenidos de la publicación Foro: Patrimonio arquitectónico y artístico, editada por el Foro de Empresas por Madrid, que cuenta con la cobertura divulgativa del propio ayuntamiento. El texto llama la atención sobre el Centro Canalejas, propiedad del Grupo Villar Mir OHL: “Como parte del patrimonio inmobiliario del Grupo Villar Mir, el Centro Canalejas Madrid es un proyecto que se está ejecutando y que representa una importante labor de rehabilitación en el corazón de la ciudad, al englobar varios edificios históricos en las confluencias de las calles Alcalá, Sevilla, Plaza de Canalejas y Carrera de San Jerónimo. El principal propósito de esta intervención es dotar al centro histórico de un edificio emblemático que sirva para reforzar la opción de Madrid como destino turístico internacional de calidad. El conjunto de inmuebles, cuya superficie supera los 50.000 metros cuadrados, estará destinado a uso mixto de máxima calidad, que incluirá un hotel de lujo, áreas comerciales exclusivas y residencias”.
Sin embargo, cualquiera que pase por el edificio, próximo a la Puerta del Sol, podrá comprobar la destrucción histórico-patrimonial que ha sufrido, operación denunciada por profesionales y fiscalía, y paralizada en los tribunales.
La referencia viene al caso. En 1877 Morris pronunciaba una de sus primeras conferencias públicas, Sociedad para la Protección de Monumentos Antiguos, a raíz de la cual se creó una asociación de análogo nombre, con el objetivo de preservar el patrimonio histórico-cultural. En su plática exponía: “Creemos que los últimos 50 años de conocimiento y atención han hecho más por destruirlos que todos los siglos pasados de revoluciones, abandonos y violencia”. La asociación por él fundada sigue activa, un alegato contra una de las formas actuales de destrucción del pasado, la memoria y la historia, algo demasiado frecuente en nuestro Madrid.
Morris fue mucho más allá, al haber sido de los primeros en denunciar los riesgos de la sociedad moderna, “la era del sucedáneo”, como él la denominaba. Época en la que casi todo es irreal, vulgares imitaciones / sustituciones, fruto de la producción industrial. Poco en el mercado es original, natural; abundan las copias, imitaciones de los productos reales: el pan, la alimentación, el vestido.
Pero hay dos productos que no siguen la tendencia general del sucedáneo: “La fabricación de instrumentos para destruir riqueza y asesinar hombres, a la que se dedica una inventiva formidable, rayana en la genialidad”, y el segundo: “La enorme cantidad de máquinas-herramientas y que hoy diría se avanza a la perfección; pero que por muy asombroso que sea el talento y la habilidad que se emplean tanto en su producción como en la organización de su consumo, el resultado no deja de ser un sucedáneo”. “¿Para qué se utilizan?”, se pregunta: “Para fabricar mercancías que a nadie se le ocurriría utilizar si le quedara otro remedio, debido a que han suplantado a los objetos realmente útiles que todo el mundo emplearía si pudiera”.
El discurso de Morris expresa un clarísimo conflicto de clases: “La razón industrial no es la producción de bienes, sino de beneficios para los privilegiados que viven del trabajo de los demás”.
Reflexiones incluidas en La Era del Sucedáneo y otros textos contra la civilización moderna,editado por Pepitas de Calabaza (www.pepitas.net), donde se incluye una parte de los escritos del fundador, en 1884, de la Liga Socialista inglesa, entre ellos Arquitectura e historia, La sociedad del futuro, El año 2000, Las artes aplicadas en la actualidad, ¿Dónde estamos? o los ya mencionados Sociedad para la Protección de Monumentos Antiguos La Era del Sucedáneo. La edición se completa con una serie de cartas a los directores de The Athenaeum, The Nineteenth Century, The Aaily News, The Times o The Daily Chroniche y un brillante prólogo del arquitecto Olivier Barancy, presidente de la Compagnie des Architectes de Copropriété, asociación formada por arquitectos y profesionales independientes con el objetivo salvaguardar el patrimonio arquitectónico histórico.
Publicación de obligada lectura que complementa Cómo vivimos y cómo podríamos vivir. Trabajo útil o esfuerzo inútil. El arte bajo la plutocracia, publicada también por Pepitas de Calabaza en 2013.
La relación de Morris con el arte y el trabajo centra buena parte de su singular vida. Critica la alienación y la división del trabajo, proponiendo una nueva relación entre artistas y empresarios como reacción a una sociedad “desprovista de valores humanos”. Afirmaba: “Las artes deben morir para volver a nacer”   y sobre sí mismo afirmaba: “Aparte de producir cosas bellas, la pasión dominante de mi vida ha sido y es el odio a la sociedad moderna”.
Debate actual en la guerra cultural en que estamos inmersos. Conflicto donde el mundo del trabajo ha estado poco representado. A diferencia de lo que acontece estos días en Francia con las movilizaciones Nuit Debout, trabajo, empleo y precariedad no han sido temas relevantes en las movilizaciones y agendas de los últimos años. También es preciso observar la cantidad ínfima que los “medios afines” dedican al mundo del trabajo, a sus organizaciones, a sus movilizaciones. Silencio que tiene que ver con el papel que han jugado las denominadas clases medias urbanas en el desarrollo y difusión de los discursos hegemónicos. Los efectos de la crisis, y la globalización, están llevando a la extinción de dichas clases medias tal y como las entendemos.
Para mantener el equilibrio se recurre a otros actores y denominaciones: clases creativas, emergentes, innovadoras. En todo ello juegan su papel nuevas élites sectoriales y desclasadas que vuelven a ignorar al mundo del trabajo. Supuesta superioridad moral basada en discursos incompresibles y en lenguajes excluyentes.
Es imprescindible volver a Morris para entender que el mundo de la cultura y del trabajo deben caminar parejos si realmente se apuesta por un modelo transformador. A ello hay que unir las nuevas realidades surgidas (migraciones, sectoriales…) y, por supuesto, a los modelos juveniles más dinámicos.
Leer a Morris puede producir rabia, pero también esperanza. La posibilidad de recuperar valores sobre lo mucho que queda por instaurar. La importancia de los gestos y las acciones apelando a otros mundos posibles dentro del nuestro. Defensa vigorosa de la responsabilidad compartida en momentos de sucedáneos y vacíos excluyentes. Leer / releer a Morris es un buen pretexto para posicionarse, repensarse e intervenir.