domingo, 28 de febrero de 2016

Recordando al tangerino Ángel Vázquez, incluido recordatorio de Eduardo Haro Ibars, en el aniversario de su muerte.


Hace un par de días se cumplió el aniversario de la muerte de Ángel Vázquez. Una madrugada del 25 al 26 de febrero, de hace treinta y seis años, nos dejaba en una pensión en el número 98 de la vecina calle de Atocha, solo y abandonado.

Todos tenemos ciudades a las que amamos u odiamos para mi Tánger es una de las primeras. Seguramente como Bogotá, Lisboa o Santiago de Cuba. La ciudad norteafricana siempre me cautivó. Uno de esos lugares a los que es obligado regresar más pronto que tarde. Patear sus calles, rincones y sobre todo su cafés. Acercarse al lugar donde se acababa el mundo, para los griegos y comenzaba otro a descubrir. Perderse en el Zoco Chico, acudir a su Filmoteca, desayunar en el Café Fuentes o echar una partida de parchís en el Navegantes.

No creo que tenga que ver mucho con ello que mis padres se casarán allí o que mis hermanos amanecieran allá, o quizás sí. Sea lo que sea siempre está presente, me acerco a ella desde la distancia. Seguramente la lectura de La vida perra de Juanito Narboni  influyera mucho en esa seducción. Como las tardes de té, lectura y compañía en la terraza del Hotel Continental, mientras se echa el cierre al día y el último ferry parte para la península y otros esperan el último que procede de ella.

Ángel Vázquez nos dejó y hoy sigue siendo un gran desconocido para la mayoría. Narboni, como Tiempo de Silencio o El Jarama, es una novela imprescindible, muestra de la mejor literatura del siglo pasado. Su lectura nos enamoró de la ciudad, pero también de la escritura, el disfrute de la narración, la pasión de las letras. Del reconocimiento de la historia. La de otros y la nuestra. La colectiva y la individual.

Quizás sea nuestro último escritor que con el paso del tiempo se convertirá en mito. La quema de dos novelas inacabadas antes de fallecer harán crecer la fábula. Pero por encima de todo está el legado dejado.

Una persona que compartió muchas jornadas tangerinas relataba así su escritura desde la desparecida revista Triunfo, un 8 de marzo de 1980: “La novelística de Ángel Vázquez está centrada, desde sus primeras letras publicadas, en diversos aspectos de la vida tangerina. No hablo, claro está, de esa ciudad que tenemos tendencia a asociar con espionaje, contrabando y orgias cosmopolitas, sino de la ciudad verdadera, compleja y humana, que él conoció y vivió como nadie”. Quién así lo narraba es otra de esas personas relevantes hoy también ignorada Eduardo Haro Ibars.


Mientras escribo este breve texto suenan las canciones sefardíes de Joaquín Díaz, algunas de ellas seguramente las escucharon, y quizás se puedan escuchar, no lejos del aquellos pasajes narrados por uno, recordado por otros. 

Documentos RNE "Angel Vázquez - Vida Perra Juanita Narboni-14-04-08/34713/

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