martes, 13 de octubre de 2015

Servando Rocha, ¿la triple PPP frente a la doble PP?


Servando Rocha.
Servando Rocha.
Conversación con Servando Rocha publicada en  El Asombrario 
el pasado viernes.
Si hubiera que calificar de alguna manera a Servando Rocha es de activista de lo subcultural y lo contracultural, y analista de la violencia en la cultura dominante. Lleva más de dos décadas explorando y difundiendo expresiones donde lo político y lo cultural circulan en una misma dirección. Natural de la isla de La Palma, fundó en 1996 el Colectivo de Trabajadores Culturales La Felguera. Escritor, abogado, músico y editor, sus publicaciones nos han acompañado en los últimos años, visibilizando mundos muy cercanos en su mayoría silenciados.
Autor de obras como El ejército negro (Un bestiario oculto de América), Nada es verdad, todo está permitido (El día que Kurt Cobain conoció a William Burroughs), La facción caníbal (Historia del vandalismo ilustrado), Mirad a vuestros verdugos, Nos estamos acercando (La Historia de Angry Brigade), Agotados de esperar el fin (Subculturas, estéticas y políticas del desecho), Historia de un incendio (Arte y revolución en los tiempos salvajes: de la Comuna de París al advenimiento del punk) y Los días de furia (Contracultura y lucha armada en los Estados Unidos, 1960-1985. De los Weathermen, John Sinclair y los Yippies al Black Panther Party y los Motherfuckers).
Este sábado, 10 de octubre, se presenta la reedición ampliada de Motherfuckers! De los veranos del amor al amor armado. Será una noche enmascarada, especial y al aire libre, donde se proyectará el documental ‘Up Against the Wall Motherfuckers!’ y posteriormente actuará J. L. Maire, mago del sonido (improvisación electroacústica, música experimental, sintetizadores); también se repartirán “mapas motherfuckers de Nueva York’.
Esta cita, en El Campo de Cebada de Madrid a partir de las 21.00 horas, ha sido el pretexto para conversar con Servando Rocha.
(www.servandorocha.com).
¿El Colectivo de Trabajadores Culturales La Felguera fue un sindicato que sucumbió ante las delicadezas / sutilezas del poder?
Creo que fue un ejercicio de honestidad y de autocrítica, algo bastante inusual en medios militantes y activistas. En esta época casi todo tiende a medirse cualitativamente. Se suman personas o likes, se cuentan cifras. Nosotros siempre trabajamos en otros sentidos, en el aspecto cualitativo. En el colectivo de trabajadores culturales, en un momento dado, vimos que teníamos demasiados amigos, que todo se había vuelto confuso, demasiado cercano a medios que rechazábamos (el artístico como mera contemplación snob, el museo que pretende reinventarse). Todo el mundo parecía estar de acuerdo con las acciones que hacíamos y lo que decíamos en nuestros manifiestos y comunicados. Había que parar, tomar aire. Cuando te conviertes en algo previsible, eres controlable. Siempre se ve llegar este momento, pero muchos lo aceptan. Nosotros, no.
¿Ocurrió por ser un sindicato presidencialista?
No aspiraba a ningún sillón, sino todo lo contrario. Desaparecimos como grupo de agitación, pero formamos otros grupos, colaboramos desde la base con otra gente. Fue la época de algo tan bello como el Instituto del Tiempo. Intuíamos un cambio que luego aconteció. Eran los meses anteriores al 15M.
¿Cuándo y por qué decidió pasar a la clandestinidad y con ello convertirse en un nido de espías, contraespías, dobles agentes, donde nadie sabe con certeza para quién trabaja?
Fue un acto reflejo, algo automático, un punto de partida que siempre tuvimos delante de nosotros. El arte se construye a partir del contagio, las emociones compartidas generalmente por un pequeño grupo de agitadores. Lo político, para nosotros, funcionaba de la misma manera. La literatura no es otra cosa que compartir un secreto. Se actúa como un intrigante. Las ideas se vuelven bolas de fuego.
Portada de Motherfuckers.
Portada de Motherfuckers.
¿Es preferible ser ludista o felguerista?
Los ludistas destruían las máquinas. Quedan muchas máquinas por destruir. Tranquilos, se puede trabajar en ambos grupos secretos.
Estamos en plena guerra. La política ya no es la protagonista principal del eje del mal. El aburrimiento y la apatía parecen serlo en mayor medida, ¿se debe combatir? ¿Es preferible seguir callados y suicidarse poco a poco con tanto tedio?
No hay terror más profundo que eso que Barnet Newmann decía: “Terror es que no suceda nada”. En una era donde se nos vende el movimiento perpetuo se tiende hacia lo contrario. Debemos buscar dentro de nosotros, cultivar el sentido de espera, el cortejo, también el esfuerzo. No hay nada más revolucionario que hacer las cosas por el simple placer de hacerlas, sin esperar algo a cambio (de la divinidad, de la sociedad, de la chica que nos gusta). Nosotros somos los destinatarios de aquello que hacemos, de lo que cultivamos a diario, para bien o para mal. Existe la tendencia a culpar de todo a agentes externos, pero casi siempre los responsables somos nosotros.
Pasión, Pornografía, Punk. La TRIPLE PPP no existe, ¿habría que crearla como alternativa a la DOBLE PP, Partido Patético?
La pasión es un motor sin el que nada vale la pena hacer. No hay aventura posible sin ella. La pornografía: no creo que haya otra pornografía posible. Sin darle excesiva importancia, creo que es lo que es, sin más. Lo cual, desde cierto punto de vista, ya es terrible en sí misma. El punk, como movimiento vinculado a unos grupos y a un momento, desapareció fagocitado, murió en un éxito vanidoso. John Lydon lo advirtió. A los seis meses del inicio, todo el mundo se imitaba. La provocación dejó de provocar y se convirtió en parte de un paisaje y un país. Demasiado afectado a una edad, a un lenguaje. Se convierte en aburrido.
¿El sistema de partidos tiene sentido?
Tiene sentido para los que creen en gobiernos y en ser gobernados. Tiene sentido para sofocar los fuegos. La pregunta importante es si el auge de partidos izquierdistas servirá de apagafuegos, si los bomberos de la izquierda apagarán el fuego que les hizo llegar adonde están. O si, por el contrario, servirán para avivar algo, si marcarán un punto de no retorno hacia una sociedad mejor. Aunque yo tengo mi propia opinión y esta no es muy optimista acerca de los partidos políticos, también entiendo lo pequeño que al mismo tiempo es un mundo. La gente es desahuciada y la situación social y económica es terrible. Esa gente, en su particular mundo que también es el nuestro, necesita una salida. Aunque sean soluciones individuales, pondría la mano en el fuego por que sucediera, aunque el final del camino sea la desmovilización y el aislamiento, incluso la criminalización.
¿Y los sindicatos?
Bancarrota.
¿Existe la nueva política?
Existe una nueva manera en que la política se expresa, un nuevo lenguaje que está siendo adoptado incluso por la derecha. Un partido como Ciudadanos es producto de este tiempo. En el fondo, no es nada nuevo, pero sí que era necesario para que estas propuestas pudieran expresarse con perspectivas cuantitativas. Todos quieren ganar, no se cansan de repetirlo. El liberalismo, el socialismo, la ciudadanía… son palabras que sirven para todo pero que, en realidad, no significan nada hoy. Más allá de las palabras, ese estilo en el lenguaje refleja que el futuro pasa por vender una jaula de oro.
¿El terrorismo poético es alternativa al resto de terrorismos?
Tiene que ver con la mirada. La única forma de resistir esta época es reencantando nuestra mirada. Existe una mirada obtusa, una luz cegadora, un exceso de imágenes. El resultado es el fundido en negro. Reencantar la mirada tiene que ver con redescubrir nuestro barrio, nuestras calles, nuestro propio pasado, no obsesionarnos con el peso de la novedad y devorar con lentitud lo que hemos sido, lo que somos. Si la poesía tiene algo que decir hoy en día, quizás sea esta su viabilidad.
Cartel de presentación de Motherfuckers.
Cartel de presentación de Motherfuckers.
¿Todos somos absorbidos por el sistema?
Depende. Esa frase puede ser peligrosa, una excusa para quedarnos con los brazos cruzados. La pregunta puede ser formulada de otra forma. Si hoy supiéramos que nuestra aventura amorosa terminará en dos o tres años entre llantos y reproches, ¿acaso no la viviríamos igualmente? Trabajamos en base a un sentido de la esperanza a veces absurdo. La esperanza es un motor, pero no es imprescindible en un sentido de progreso, de tiempos. Se lucha y resiste porque está en nuestra naturaleza, porque es lo que debemos hacer, no porque creamos que ganaremos. La historia, en este sentido, puede ser desalentadora, pero muchos de nuestros héroes y heroínas son figuras derrotadas.
¿Es más cómodo recrear mundo lejanos: panteras blancas, Angry Brigade, Ejército Negro, Motherfuckers…, ¿qué próximos?
Sí, definitivamente. Pero son mundos que no hay que desatender, porque explican lo que somos hoy en día, para evitar que los nombres que citas se conviertan en historia, en cadáveres del tiempo, ballenas varadas en ningún lugar. Lo importante es que podamos reconocer en estas experiencias parte de lo que somos hoy. Hacer del pasado algo vivo. Hacer que los muertos del pasado se paseen por el presente de los vivos.
¿Cuáles son los motivos de tanta desmemoria histórica?
La memoria puede ser un arma. Sin memoria nos sentimos caídos del cielo, fantasmas de un presente que no comprendemos. Nos da anclajes y puntos de partida, pero no es suficiente. Luego hay que posicionarse, trabajar con lo que tenemos ahora.
¿Quiénes eran los Motherfuckers?
Fueron una de las experiencias históricas y vitales más importantes de los sesenta. Sus implicaciones han llegado hasta nuestros días. Fueron la cara oculta de la Luna, de lo que se vendió como la fiesta de los sesenta. Sus comunicados y panfletos son de los más bellos del siglo pasado. Resultan inspiradores y contagiosos. Tuvimos la oportunidad de conocer al que fuese su cabeza visible, Ben Morea. Ese momento reafirmó lo que sospechábamos: que no había cartón piedra, que la mirada sigue viva, que podemos hacer algo.
Vuelven ahora a Madrid, a Móstoles a El Campo de Cebada ¿podemos caminar juntos?
Sin duda. Intentaremos que el acto de presentación sea un cónclave inspirador, un momento ideal para reforzar algo imprescindible hoy en día: la comunidad. Crear comunidad, comunidades.
¿Ha habido algo similar entre nosotros?
En otro contexto, por supuesto. Ahora la tarea quizás pasé por redescubrir todos y cada uno de esos Motherfuckers que vivieron en nuestras calles y plazas. Y todas las heroínas olvidadas. Siguen estando ahí. Basta con decir su nombre.
Valle Inclán, Arthur Conan Doyle, Bakunin, William Blake, Thomas de Quince, William Burroughs, Hakim Bey. ¿Qué tienen en común?
Construyeron sus propios mundos para evitar lo que uno de ellos, el gran William Blake, advirtió: “O creas tu propio sistema o el sistema te destruye”.
¿Y ellas? ¿Quiénes son las que crean su propio sistema?
Hay tantas. Unos cuantos nombres que nos gustan: Thèroigne de Mèricourt, Emma Goldamn, Gee Vaucher, las WITCH, Valerie Solanas. Toda esa herstory que aún hoy permanece soterrada. Hay que visibilizarla.
Letizia Ortiz lee a Alan Moore, ¿nos merecemos realmente una reina así?, ¿sobrepasa a la mayoría?
Posiblemente sea una reina como las otras, frecuentemente obsesionada con lo oculto. No le gusta ser reina. Busca su contrahechizo para romper su hechizo. No lo logrará.
¿Carmena es el diablo?
Ojalá.
Añade lo que quieras.
Infinitas gracias.

jueves, 8 de octubre de 2015

Historias muy distintas desde ‘Cine Sin Autor’.

Entrevista con Helena de Llanos publicada hace un par de días en El Asombrario

Parte del colectivo 'Cine Sin Autor'.
Parte del colectivo ‘Cine Sin Autor’.
Nos conocimos en las plazas un 15M. Helena de Llanos nació en Madrid hace 32 años. Los últimos 10 ha vivido entre Roma, Nueva York, Buenos Aires, Coimbra, Filadelfia, Blanca (Murcia) y Madrid. Estudió Filología y lo aprendido le permitió dar clases de español aquí y allá. Después comenzó un doctorado en literatura y cine, tomando cursos en antropología visual, documental, historia del cine, empezando a intuir su camino. Cuando llegó el 15M se puso a grabar y todavía no ha parado. Desde ese 2011 forma parte del colectivo Cine Sin Autor.
Helena de Llanos te enamora, con su presencia, su vitalidad, su pasión evidenciándolo en sus realizaciones y producciones: “Looking for Spoons” (2010), Antonio de Verdaden busca de discípulos” (2011)  “Noches de Ramadán” (2012), La Mitad de Todo” (2012) ,Nos llaman las estereras” (2013) , NegraBlanca” (2013), ¿Y ahora qué?” (2015)  y “Il corpo che sogna” (2015).
Muchos viajes, muchos recorridos para comprender muchos mundos. ¿Viajar te hace más libre?
Viajar me hace aprender, desprenderme, desapegarme y reformular constantemente lo aprendido para que lo heredado por la cultura pese menos cada vez. Lo de más libre ya es otra historia…
¿Cuál es el papel social del cine en un mundo hiperconectado?
El papel social del cine… si pensamos en la sociedad en su conjunto, el cine sería tal vez el arte social por excelencia. Las salas de cine eran el espacio de encuentro de la gente, donde la película en la pantalla constituía la plasmación en imágenes de un tipo de imaginario. Hoy esto es muy distinto, las salas de cine ya no son el espacio de reunión más frecuentado, cada cual ve las pelis en sus pantallas, en sus lugares privados, y tampoco la película como solíamos entenderla es la forma más utilizada hoy, pensemos en la cantidad de webseries que se realizan, o en las miles de piezas que se cuelgan en Youtube cada día… Entonces, si hoy el cine es otra cosa distinta a la que fue durante el siglo XX, caben preguntas como: ¿por qué se sigue manteniendo, y hasta cierto punto confiando en una élite productora que decide qué historias deben contarse, si ha emergido una mayoría de creadores que producen fuera de las lógicas industriales y de las subvenciones? No tengo nada contra la industria en sí misma, simplemente creo que no es igualitaria ni accesible a cualquier persona. Pero respondiendo más concretamente a la pregunta, como amante de todo tipo de películas y de la experiencia irrepetible de la sala de cine, creo que el cine practicado de formas colaborativas y abiertas es una fuente de transformación social.
Cine sin autor ¿se debe renunciar al reconocimiento de la creación?
En Cine Sin Autor no es que renunciemos al reconocimiento de la creación, se trata más bien de reconocer que la autoría está en manos de todas y de cualquiera, que todas podemos acceder a la autorrepresentación de nuestras historias, a significarnos a través del arte, y que podemos decidir de forma asamblearia y lo más horizontal posible cómo queremos que sea nuestra creación, incluyendo la posproducción, la difusión y distribución… Manejamos el concepto de sinautoría y Eva Fernández, una de las fundadoras del colectivo, se lanza a pensar en la “sinobra”, ¿cómo es esta sinobra? Mejor hablar con ella que la tiene más amasada…
¿Es preciso encontrar un nuevo marco de colaboración y reconocimiento compartidos?
¿Te refieres a un marco legal? Probablemente sí. En el colectivo se han escrito dos manifiestos y se llega a idear un plan para una ley del audiovisual que contemple la democratización de los medios, pero yo suelo dedicarme y limitarme a hacer, a hacer con la gente, a crear historias, sin pensar demasiado en la exterioridad de los procesos de cine en los que me sumerjo a pulmón, y luego llega el momento de “darle valor”, de difundirlo, y de registrarlo o apropiarlo, momentos importantes que suelo aparcar, probablemente por inmadurez, por desgaste o por falta de visión de futuro; soy presentista condenada.
¿La diversidad es un valor o una moda?
La diversidad es una realidad. Darle valor es una necesidad, primero para ser capaces de convivir sin matarnos, pero también para trabajar la creación colaborativa. Cada quien aporta desde sus saberes y sentires, y a través del intercambio se va componiendo algo que ya no es ni mío ni tuyo. Se trabaja mucho la escucha, la empatía, la capacidad de compartir y delegar.
Vamos a hablar un poco de tus obras, de tus películas. Lo que sentiste en cada una de ella, emociones, lo que aprendiste.
Noches de Ramadán: Se trataba de documentar el transcurso de un festival de culturas del Magreb. Lo realizamos entre Miguel Ángel Rodríguez y yo, eso fue una suerte para mí porque él venía con mucha experiencia en el mundo audiovisual. Aprendí a trabajar deprisa, a organizar un plan apretado de rodajes y entrevistas a los participantes en el festival. Aprendí de tierras lejanas sin salir de Madrid. Sentí que el arte es capaz de hacer que pueblos distintos se entiendan y se acerquen y que esa diversidad de la que hablábamos antes sea riqueza y felicidad.
La mitad de todo: Es un documental a base de entrevistas a mujeres bolivianas residentes en la ciudad de La Paz. Durante dos meses conversé con mujeres de distinta condición sociocultural. A través de sus testimonios aprendí sobre el complejísimo y contradictorio proceso de cambio que vive Bolivia desde que llegó al poder el primer presidente indígena de Latinoamérica, sobre feminismos y relaciones de género, sobre formas de vida en comunidad que aquí existen también pero que nos cuesta reconstruir. En el documental intenté plasmar lo aprendido, con la finalidad de contarlo en el norte supuestamente primermundista del que vengo, pensando en las enseñanzas que podemos sacar de las luchas de nuestras hermanas y hermanos de otros territorios.
¿Y ahora qué?: Es el resultado de dos meses de taller de Cine Sin Autor con un grupo de mujeres que asisten al Espacio de Igualdad María de Maeztu en Madrid. Trabajé mano a mano con Elsa Barreras y Elena Cea, compañeras del colectivo. Se trataba de realizar una película entre todas de forma asamblearia y participativa; partimos de la pregunta ¿tú qué película harías? Y desde ahí fuimos tejiendo los imaginarios de todas en una pieza que combina el proceso de creación con la puesta en escena ficcional de las escenas creadas por las participantes. El trabajo tuvo mucho que ver con el empoderamiento a través de la construcción de la propia imagen, y también con el arte como terapia, aunque de esto no fui consciente hasta que terminamos el proceso.
NegraBlanca: Es un largo de ficción, resultado del proceso cinematográfico que tuvo lugar en Blanca, Murcia, de octubre de 2012 a junio de 2013. Todo comenzó con un cartel pegado en las paredes del pueblo donde preguntábamos. ¿hacemos una peli? Con la gente que respondió sí, nos pusimos a trabajar sin descanso con toda la ilusión posible, imaginando, planeando, amasando historias, hasta dar con una versión que nos satisficiese a todas. El equipo técnico fue amplio y cambiante, pero siempre estuvieron, de una forma u otra, Miguel Ángel Rodríguez, Elsa Barreras, Irene Núfar, Ángel Mompeán y Nacho Valero. La película combina historias de ficción con el retrato documental de tradiciones y formas de hacer “en vías de extinción”, al tiempo que reflexiona sobre la memoria y herencia cultural de la posguerra española. O, como sentenció un buen amigo, es una película sobre la realidad y la ficción de un pueblo al que le gustan las historias.
¿Cómo fue el proceso de esta última?
Los tres primeros meses fueron de puesta en común de imaginarios y construcción narrativa. Después rodamos todo a partir de un guión que fue guía pero no biblia. Ensayamos durante la semana y los fines de semana rodábamos. Se desplazaron al pueblo amigos compañeros del audiovisual que creyeron en la potencia de esta forma de hacer cine, también desde la universidad de Murcia Virginia Villaplana participó de principio a fin, así el proyecto fue creciendo en gente hasta que nos pusimos a editar. Se realizaron constantes visionados de grupo donde íbamos dando forma a la película hasta que llegamos a junio de 2013 y presentamos nuestra película para los habitantes de Blanca en el teatro del pueblo. Lo más hermoso fue constatar que no es cierto que la mayoría de la gente sea mera consumidora de cultura, que el límite no está en la gente sino en una idea instituida de que la creación es un ámbito y no una condición humana. Fue maravilloso también vivir que a través del intercambio de saberes sin jerarquías, todas salimos enriquecidas de la experiencia. Lo más difícil para mí fue la relación con las autoridades locales. Llegamos con un proyecto de democratización cultural que pretendía implicar a cualquier persona, para llevarlo a cabo contamos con una beca que cubría el alojamiento pero nada más; mientras tanto, desde la concejalía de Cultura se seguía pensando en la excepcionalidad del artista y apoyaban la intervención de colectivos de creación que no afectan a la vida de la gente local, pero que quedan muy bien en la foto para el periódico. Probablemente estoy siendo reduccionista y algo soberbia en el análisis de los acontecimientos.
¿Cómo se trabaja en un guión colaborativo? ¿Cómo se dirige?
Nosotros lo trabajamos desde la escritura y la oralidad. Hubo quien trajo su historia escrita, y luego un grupo de mujeres de unos 70 años, conocidas en el pueblo como las atrevidas, nos contaron las historias que querían reflejar en la película, y además aportaron el atrezo necesario para representarlas. Yo me encargué de ir redactando una especie de guión que luego se devolvía al grupo en asamblea y se iba corrigiendo y ampliando. A la hora de ponernos a rodar nos sirvió como escaleta, era importante que además de explicarnos lo que querían contar se plantearan la pregunta ¿cómo lo ves en la pantalla?, ¿desde dónde podemos grabar esto? El trabajo de rodaje tuvo mucho que ver con la improvisación y la filmación en secuencias sin cortes, aunque luego en el montaje se cortara aquí y allá. Dirigir, la gran pregunta. Yo intenté en todo momento deconstruir esta figura; para mí hacer Cine Sin Autor consiste en que no hay directores sino creadores, pero soy consciente de que siempre hay relaciones de poder y que es difícil invertir sus lógicas. Me gusta pensar que fui más bien el motor de la aventura fílmica, pero es cierto que cuando me fui del pueblo la mayoría de la gente seguía pensando en mí como la directora de la película.
Claqueta del colectivo 'Cine Sin Autor'.
Claqueta del colectivo ‘Cine Sin Autor’.
¿Cómo registrarlo?
Una buena pregunta que me hiciste al final de la asamblea posterior a la proyección de la película en la Cineteca de Madrid el pasado 12 de septiembre. La película no está registrada, ¿cómo registrarla? Ahí nos topamos con las convenciones de la autoría, ¿ponemos los nombres de todos los participantes?, ¿nombramos una persona representante?
¿Qué hacemos ahora con la película?
Esta es la gran pregunta que quedó lanzada también en dicha asamblea. Tiene que ver con el valor, ¿cuál es el valor de una película como esta?, ¿qué se está poniendo en juego cuando un grupo de personas cualquiera se ponen a trabajar juntas en pos de la realización de su película sin medios económicos y sin plan de difusión previo?, ¿tiene interés para un espectador remoto que no participó del proceso? Para mí la asamblea del día 12 sirvió de constatación del valor de este “cinevida”. Las derivas irán dependiendo de las ganas que le metamos los participantes y cualquier persona que haya sentido que este cine debe realizarse y mostrarse.
Experiencias únicas en lo personal. Mundos plurales. Contar lo que nadie cuenta, sin apoyo, ni reconocimientos ¿tiene sentido que independencia y sostenibilidad estén casi siempre enfrentadas? ¿Merece la pena?
Por partes: No. Sentido no tiene, precisamente lo que creemos en Cine Sin Autor, o así lo vivo yo, es que al cine como industria sostenida por la estructura del mercado le faltaindependencia, tengo la sensación de que se cuentan siempre las mismas historias, y son casi siempre los mismos los que las cuentan, sin embargo hay un caldo de cultivo maravillosamente rico y variado y complejo al que le cuesta mucho sostenerse económicamente. Estar apartados de las lógicas del capital está lleno de magia, pero tampoco es la panacea.
¿Por qué no ‘interesa’ producir de otras maneras?
Respuesta larga sería, por ejemplo porque al establishment cultural, que no me queda muy claro qué es, no le debe hacer gracia soltar su esfera de influencia y legitimidad, o porque es bastante revolucionario creer que la voz y el cuerpo de cualquiera valen tanto como el de los pocos que integran el star system, o porque está bastante instaurado que el cine es un conjunto de reglas de gramática visual… Sobre si merece la pena hacerlo a pulmón sin fondos y dejándose la piel, aunque no sea la forma ideal, la respuesta es sí; para mí es una cuestión vital y política, entendiendo política como todo aquello que afecta a la vida en común, de lo común, por lo común.
¿De qué vive un creador independiente?
Pues yo ahora mismo vivo de una beca de doctorado de una universidad de Estados Unidos. Esta beca me supuso vivir allí tres años y medio como profesora y estudiante, y ahora me permite seguir creando desde donde creo que puedo afectar y aportar.
¿Sólo tiene salida la cultura-espectáculo?
Si te refieres a salida en el sentido de rentabilidad económica, bueno, creo que hoy el mapa es muy complejo y cada vez hay más inversión privada en proyectos artísticos para la inclusión social. Quizás se trate de ser hábiles en estos mares empresariales para pillar tajada y transformarla en algo bello y sano, donde la rentabilidad económica deje de ser lo fundamental porque hay cuestiones que no tienen que ser rentables, como la educación y la sanidad, y la cultura es educación, simplemente tienen que ser dignas y para cualquiera. Salida a nivel mediático es otra historia, sabemos que los canales de los medios son poderosos y están copados, pero también sabemos que Internet ha abierto nuevos canales para crear cultura y compartirla.
¿Ser mujer es un hándicap añadido en la cultura?
Los textos que he ido leyendo en el doctorado me han dado herramientas teóricas que luego he podido constatar y practicar en mi forma de vivir y de hacer cine. He aprendido mucho de un señor galés llamado Raymond Williams que dice algo así como que la cultura es la forma que tenemos los seres humanos de dar sentido a nuestra existencia, la cultura constituye los procesos sociales, no es una mera representación de estos. La cultura es y está y la hacemos todas las personas, no es un nicho ni un ranchito. Desde esta perspectiva, ser mujer atraviesa todo lo cultural con todas sus luces y posibilidades de conservación y transformación, pero también con toda la oscuridad históricamente heredada. Hasta aquí puedo leer.
Nos conocimos en las plazas, un 15M, ¿qué queda de todo ello?
Creo que queda precisamente “todo ello”, pero en formas variadas y diversas, creo que cada quien aportó lo que cada quien era y que ese momento extendido de 2011 dio aliento a luchas que venían mucho tiempo forjándose desde la militancia y que también impulsó muchos procesos que recién emergían de las plazas. La red se amplió y se sigue ampliando con ritmos dispares, los efectos son rizomáticos, no lineales, y eso es estupendo porque es impredecible en toda su potencia.
¿Hay esperanza?
Pues claro. Hay una frase que las feministas comunitarias de Bolivia, entrevistadas en La mitad de todo, grafitean por las calles de La Paz: “Esperanza, ya tenía ganas de volverte a ver”. Yo desde 2011 vivo más esperanzada que antes.