martes, 3 de marzo de 2015

"Es prostitución, no matrimonio de conveniencia" hablando sobre la película "Azúcar aparte" con @baselramsis



Entrevista con Basel Ramsis aparecida el pasado lunes en El Confidencial.

El último documental del cineasta egipcio residente en Madrid, Basel Ramsis (El Cairo, 1973), revela un mundo opaco: el de las mujeres árabes que se casan mediante contratos temporales con hombres de países del Golfo a cambio de dotes para subsistir.

En colaboración  con Carmen Lozano Bright

Sokar Barra (Azúcar Aparte, 2014) está filmada en varios pueblos al rededor de Guiza, al suroeste de El Cairo. Varias mujeres, –Hanan, Nehmedo, Umm Usa...–, relatan su historia desde sus espacios más íntimos y cotidianos. Fue grabada clandestinamente en solo cuatro medias jornadas y con un equipo técnico reducido solo al director. Mientras tanto, a 13 kilómetros el gobierno de Mohamed Mursi estaba siendo derrocado en el verano de 2013. “Por la mañana rodábamos; por la tarde a las manifestaciones”, cuenta Ramsis. Las mujeres cuentan cómo llegan a contraer matrimonios mediante contratos temporales de meses, semanas e incluso días con hombres de mucha más edad procedentes de Jordania o Arabia Saudí. A cambio reciben dotes que utilizan para ayudar a sus familias o emprender un pequeño negocio.

Militante desde los 16 años de la izquierda política egipcia, Ramsis ha sido torturado y encarcelado en varias ocasiones. Antes de dedicarse al cine, trabajó como periodista en varios medios, labor que continúa como colaborador en algunos medios árabes. “Aunque he dejado la militancia activa, no he abandonado nunca los asuntos que me preocupan”, confiesa a modo de presentación. Y añade: “a partir del 2010 volví a acercarme a la política, sentía una época de cambio que iba a venir”. El comienzo de la revolución, el 21 de enero de 2011, le sorprende en Madrid. Decide volar a El Cairo, a la Plaza Tahrir. “He participado contra el régimen militar, contra Mubarak y contra los Hermanos Musulmanes”, asegura.

Las vidas de las protagonistas de Sokar Barra transcurren entre la dominación patriarcal de padres y familiares y el estigma que cargan en sus comunidades por acceder a estas prácticas. En medio, una red de intermediarios se lucran con suculentas comisiones. Una película que refleja la amargura, pero también la fortaleza y determinación de unas mujeres que hacen lo impensable para lograr cierta independencia y vivir con dignidad. “Llegué a ellas por casualidad. Me pidieron dar un taller de cine a través de una ONG que intenta mejorar sus condiciones de vida. El taller se convirtió en una terapia colectiva, todos hablábamos de todo”, asegura Ramsis.

Entre lo que más sorprende, la humildad y sencillez con la que la cámara ingresa en la intimidad y cotidianidad de estas mujeres. Algunas venden hierbas y especias a pie de calle o regentan kioscos. Las más jóvenes -adolescentes– aún estudian. Hablan de los hombres de sus familias como una carga más que sostener mientras buscan el sustento para ellas y sus hijos.

Azúcar Aparte es un documental donde la mujer egipcia es protagonista, casi nunca visible, de los cambios del país. Pioneras de la revolución mucho antes de que se convirtiese en un asunto mediático, protagonizaron desde el 2006 las luchas de la industria del textil en Mahalla. “No solo fueron ellas, pero fue la primera vez, y esto sí es realmente importante, que las trabajadoras juegan un papel muy visible. La ciudad entera se movilizó apoyando una huelga, cuyo derecho todavía hoy no está reconocido”, relata Ramsis. Una movilización sin precedentes y no exclusivamente económica: “el principal lema era abajo Mubarak”. Condiciones laborales convertidas en reivindicación política con el objetivo de acabar con el régimen del dictador. Era “la primera vez que se quemaban públicamente fotos del presidente”, recuerda el cineasta. El 6 de abril de 2008 también fue trascendental. La ciudad entera se sublevó, fue como un “ensayo de la primavera que vendría poco después. La revolución egipcia es de las mujeres, indudablemente”.


Estos matrimonios temporales no ocurren exclusivamente en Egipto ni son recientes. Hay testimonios a partir de la década de 1970. “Empezaron en los campamentos de refugiados sirios, en Turquía y Jordania. Las mafias de intermediarios aprovechaban los horrores de la guerra civil siria para buscar chicas jóvenes y vírgenes y casarlas con hombres muchos más mayores procedentes de Arabia Saudí y otros lugares de la zona del Golfo También ocurre en algunos pueblos de Jordania y seguramente en Sudán, aunque Egipto es el sitio más visible”.

Es una sutil forma de prostitución, aunque no se nombra por estar protegida por un contrato, un matrimonio religioso y legal. “Nadie dice de un matrimonio legal que es prostitución”, asegura Ramsis, aunque “en la película ellas utilizan por primera vez el término comercio con mujeres, venta de mujeres”, cuenta el director. Intercambian su cuerpo por contrapartidas económicas, que al cambio suponen entre 500 y 1.000 euros. “Una miseria, pero hay que tener en cuenta que el sueldo mínimo en Egipto es de 100 euros”, explica el cineasta.

Estas prácticas han sido reflejadas en películas de ficción como Carne Barata (Mahmoud Kabil, 1995). “Pero no reflejan la realidad. Intenté contrastar la imagen del cine clásico comercial y el escenario real del día a día”.

En principio la película contaba con distribución en todo el país. El estreno previsto en una sala céntrica de El Cairo se canceló cuatro días antes. Elegida para representar a Egipto en uno de los festivales más importantes del país, fue vetada por la dirección del festival vinculada al Ministerio de Cultura. Ellas solo la han podido en una oficina a puerta cerrada. Tras la proyección manifestaron su agradecimiento “por tratarlas como son y respetarlas”, comenta con satisfacción Basel. El compromiso con las protagonistas era que el film no se exhibiese en ninguna televisión árabe. Las represalias que podrían sufrir son peligrosas.

– ¿Y por qué Azúcar Aparte?, inquieren desde el público de la Filmoteca de Madrid a Ramsis el día del estreno. Él responde que el título se fijó casi por casualidad, en una reunión con amigos, pero explica que se dice “sokar barra” cuando al pedir un té prefieres que te brinden el azúcar aparte, y así poder controlar la amargura de la bebida.

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