martes, 23 de julio de 2013

Fiesta rebelde


Foto: Paco Manzano

El viaje a las “Metrópolis”, lema del festival de este año, nos transportó la noche del sábado a Bogotá y México D.F., dos de las grandes capitales musicales de América Latina y del mundo. El concierto comenzó con un retraso de unos diez minutos motivado por unas condiciones atmosféricas adversas. La fuerza del viento era tal, que parecía que iba a convertir el escenario flotante del Auditorio Natural de Lanuza en un barco dirigido hacia la tempestad. Las comprobaciones de rigor y la evidencia por parte de los técnicos de la inexistencia de cualquier tipo de riesgo tanto para artistas como para público, dan pie al presentador a inaugurar una velada que promete ser excitante y única.

Doctor Krápula es una de esas bandas que surgen en cualquier barrio de una gran urbe y que con dedicación y talento logran desarrollar una carrera coherente, digna, ajena a los rigores de la industria musical. Forman parte del movimiento artístico “consciente” que utiliza la música como herramienta para crear conciencia y militancia social.

Desde el primer tema “Doctor Krápula presente” se puso de manifiesto que iban a ser el mejor antídoto para calmar el huracán atmosférico, transformándolo en un vendaval musical, bailable, agitador de conciencias. La respuesta fue inmediata. Apenas un par de temas y todos en pie, bullendo y coreando canciones prácticamente desconocidas e inéditas para la mayoría de los asistentes. “Viva el planeta” sobre los efectos del cambio climático, “Somos” homenaje a los líderes indígenas asesinados. Denuncias sobre el comercio del agua utilizada para la extracción de minerales, que deja desabastecida y al borde de la supervivencia a millones de personas en América Latina. Música contundente que convierte el auditorio en una singular fiesta rebelde: “Exigimos porque tenemos derecho a protestar, exigimos porque la voz la podemos levantar”, “Exigimos nueva gente en el gobierno y que se acabe tanta corrupción”; nadie deja de bailar, aplaudir, compartir. Finalizan agradeciendo su presencia en el festival, al que acuden por primera vez, homenajeando a sus maestros (palabras textuales), Café Tacvba, con los que han actuado en México, Bogotá, Argentina y Estados Unidos, mientras las redes sociales del festival se inundan de mensajes desde América Latina, Estados Unidos y África, que están siguiendo en directo el concierto a través de Radio 3.

Cambio de backline que aprovecha el presentador para homenajear al público asistente por su entrega y asistencia, incluso en las condiciones más adversas que felizmente parecen haber concluido. Ondean banderas mexicanas, oscuridad escénica y diez años después vuelven a subirse al escenario pirenaico Rubén Albarrán (voz), Memen del Real (teclados), José Alfredo Rangel (guitarra) y Enrique Rancel (bajo). “Pájaros” es el tema elegido para comenzar, Café Tacvba en estado puro. Decena y media de canciones, un recorrido por toda su discografía, especialmente con su último trabajo “El objeto antes llamado disco”, ponen de manifiesto por qué es una de las bandas señeras y más reconocidas de América Latina.

Público entregado, comunión perfecta, coreo masivo de sus temas más populares, aunque algunos sean complejos como “Chilanga”: chafa chumba te chutas /no checa andas de tacuche /y chale con la charola”. Salida de escenario, reclamo y vuelta para finalizar con “El puñal y el corazón” en la mejor tradición trágico-musical de las baladas-boleros latinoamericanos.

Otra noche espléndida, de esas que hacen la historia del festival, donde la complicidad del idioma y las redes sociales la convirtieron en una de las más difundidas de su historia. Con toda seguridad viviremos muchas más en esta edición.

Manel y Eli "Paperboy" Reed protagonizan una noche mágina llena de músicas y sensaciones, con José Luis Perales como invitado imprevisto.



Foto: Paco Manzano

La jornada inaugural de Pirineos Sur fue una de esas noches mágicas que se producen en cada una de sus ediciones. Buena temperatura –que agradecieron especialmente los asistentes foráneos–, público creciente a lo largo de la noche, destellos lumínicos por una tormenta cercana que iluminaba el valle, la Peña Foratata y un Balaitus imponente, y música, sobre todo música de muchos quilates desde el primer acorde, que también pudieron seguir en directo a través de las ondas de la emisora pública Radio 3 de RNE, aquellos que no tuvieron la oportunidad de acercarse a Lanuza.

Pocos minutos pasaban de las diez de la noche, cuando desde el escenario se daba la bienvenida a los asistentes y los integrantes de Manel atacaran con el primer tema, Vés Bruixot, incluido en su último trabajo discográfico “Atletes, baixin de l'escenari” (2013). En total diecisiete temas que cautivaron a un público entusiasmado, en algunos momentos emocionado. La formación liderada por Guillem Gisbert repasó algunos de los temas de esa última grabación y también de sus dos discos anteriores: Els millors professors europeus (2008) y 10 milles per veure una bona armadura (2011). Música intimista, pop de calidad, folk contemporáneo e incluso guiños electrónicos, que les han convertido en una referencia ineludible no solamente de la música catalana, sino de la del todo país. No es casual que hayan sido uno de los pocos artistas que han logrado ser número uno de ventas interpretando todas sus canciones en catalán, algo que no ocurría desde 1996 cuando Joan Manuel Serrat publicó D’un Temps D’un País. El Noi del Poble-sec y Lluis Llach fueron los únicos en lograrlo, ambos cantautores, nunca lo había alcanzado un grupo de pop hasta Manel.

Acaba la actuación y de fondo suena “Me llamas” de José Luis Perales. No estamos en un capítulo de “Cuéntame”, todo tiene su explicación. El grupo de Barcelona recibió una crítica sobre su último disco, donde se comentaba la aproximación entre una de sus canciones y el tema del compositor conquense para ellos desconocida. Una vez la escucharon y sin encontrar ningún paralelismo especial, decidieron incorporarla como cierre de sus actuaciones, como anteriormente había ya hecho con “Como una ola” de Rocío Jurado. Clausura inesperada, sorprendente e intimista, como ellos.

Cambio de rigor de backline y en el escenario, y continúa la conexión catalana en el Auditorio Natural de Lanuza, en esta ocasión con The Pepper Pots, el grupo de Girona que acompaña a Eli “Paperboy” Reed. Tras el buen sabor que dejaron la grabación del EP conjunto Time and Place (Double Back, 2012) y los conciertos de presentación, la conexión se ha ampliado durante este verano.

El artista de Boston interpretó catorce temas, alguno a capela sin amplificar, repasando sus tres discos editados. Soul clásico, blues, R&B, reggae… diversidad de géneros, guiños a Lee Moses, Fontella Bass o Bobby McClure, ejecutados con maestría con el propósito de mostrar aquello que el público quiere escuchar. Algo sencillo, efectista que no todos pueden o saben alcanzar, logrando que Lanuza se convirtiera por una noche en un singular y particular Delta del Misisipi.

Finaliza el concierto y los dioses del valle, Anayet y Arafita, parecen mostrar su disgusto por la conclusión de la velada musical, desencadenando una monumental tormenta, que había respetado durante todo el día, lo que no fue obstáculo para que esta primera noche mágica, se prolongara en la carpa musical hasta bien entrada la madrugada.