sábado, 24 de noviembre de 2012

Desobediencia civil


Participo en la 15ª Fira Mediterrània de Manresa en un coloquio sobre “La periferia geográfica en las estrategias comunicativas”, durante la sesión aprovecho para tuitear el conversatorio. Mientras lo hago, un tuit anuncia el suicidio de una vecina de Portugalete cuando iban a desahuciarla. Al día siguiente el primero que leo habla del asesinato de un rapero en la Comuna 13 de Medellín, el décimo en los últimos años. Mientras las autoridades pregonan un Medellín creativo y cultural se sigue golpeando a los actores más jóvenes. Ya en Madrid se difunden correos sobre los despidos de El País, comunicados por e-mail un sábado por la tarde amparándose en una reforma laboral criticada con dureza desde sus páginas. Todo transcurre en poco más de veinticuatro horas, el digerirlo no es tarea fácil.

No debería extrañar el continuo hundimiento en la intención del voto de los partidos mayoritarios. Los mismos que modificaron la Constitución en horas, son incapaces de tomar medidas de calado que alivien el problema de los desahucios. El Gobierno vuelve a ceder ante la banca y deja desasistidos a la mayoría de los afectados. Mientras, el PSOE elabora diferentes medidas planteando a sus alcaldes que retiren las cuentas municipales de los bancos que sigan desahuciando. No va a ser fácil olvidar que en las dos últimas legislaturas se han opuesto a cualquier iniciativa para modificar la norma, que obliga a seguir pagando la deuda después de perder la vivienda por impago de la hipoteca. Por otro lado la Comunidad de Madrid elimina el programa que permite a miles de jubilados ir al cine por un euro. No les importa la soledad, la independencia o que los afectados puedan llevar una vida más dinámica que beneficie a su salud. Lo que acaece no es aislado, es parte de la hipocresía política en la que nos movemos. Los gobernantes no son conscientes de que una parte de la sociedad no olvida, que la memoria colectiva es una herramienta cada vez más eficaz.

Ante la degradación de lo público, de los mercados moviendo sus fichas, de políticos decretando a favor de dichos meneos y buena parte de los medios utilizados como maquinaria propagandista de todo ello, surgen, se nutren y se autoalimentan movimientos en continua acción, fomentando una resistencia inconcebible hasta hace bien poco. Desobediencia civil obligatoria, quebrantando órdenes injustas e injustificables, aumentando la realización de acciones, promoviendo iniciativas legislativas populares, ocupando bancos y cajas u otras de todo signo, en una presión social contundente sin precedentes. Ciudadanía que denuncia en conversaciones y redes, promoviendo acciones coordinadas originando conexiones personales que ayuden a campear lo que acontece con mejor ánimo, contribuyendo a la ruptura de estructuras articuladas durante años, suscitando autoafirmaciones que dan paso a reflexiones compartidas en un nuevo escenario donde tener la opción de participar realmente.  

Sabedores de que la Red tiene mucho que ver en ello, ya se ha difundido el anteproyecto de Decreto-Ley para la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual que pretende sancionar con elevadas multas los enlaces a páginas. Otra vez legislando a favor de las grandes industrias del entretenimiento y, de paso, tratar de impedir la difusión de contenidos críticos pretendiendo acabar con la neutralidad de ésta.

Violencia de Estado contra ciudadanas y ciudadanos recortando derechos, libertades, silenciando u ocultando la realidad, decretando leyes que evitan el debate. En paralelo ciudadanas y ciudadanos crean y deciden participar de otro modo en lo público, promoviendo alternativas a un modelo que reduce la participación al voto cada equis tiempo, algo muy poco acorde con los tiempos que vivimos, que permiten una democracia mucho más participativa, abierta y plural. Ignorar la realidad traerá consigo olvidarnos de ellos, de sus gobernanzas, sus represiones y de sus leyes.

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