viernes, 28 de septiembre de 2012

Acabar con la democracia tutelada


El sábado 22 se celebra la asamblea de la Federación Estatal de Asociaciones de Gestores Culturales (FEAGC), aprobando que “la cultura se considere como un derecho y no solo como una cuestión económica”. El domingo se celebra el programa Fluxus to the People en el Museo Reina Sofía y, como parte de las actividades, el itinerario Temple Express/Ruta Devota organizada por el colectivo de arquitectura Zuloark con la colaboración de Fabricantes de Ideas. Una ruta para mostrar la diversidad religiosa de La Latina y Lavapiés, espacios de devoción y culto, algunos semicladestinos, apenas visibles: evangélicos, iglesia china, mezquitas, Filadelfia, calvinista, iglesias católicas, Mensajeros por la Paz… los no católicos sin financiación pública alguna, incluso poder ver por primera vez la propuesta atea de Leo Bassi–, el objetivo difundir la diversidad cultural que existe en nuestros barrios mostrando las religiones como cultura. El lunes en el espacio municipal autogestionado El Campo de Cebada, se comienza a debatir el Plan Estratégico de Cultura del Ayuntamiento de Madrid (PECAM) y el martes #25S, ampliamente conocido y difundido.


Todo esto ha ocurrido en Madrid. Pueden parecer actividades absolutamente diferentes pero no lo son. Forman parte de una realidad, la pluralidad existente en una zona muy concreta de la ciudad, reflejo de la mayoría de nuestros barrios y localidades. Por muchos esfuerzos que algunos, políticos y medios por ejemplo, hagan por mostrar una sociedad monolítica, es imposible. Es necesario hacer una revisión crítica de nuestra cultura sometida mayoritariamente al poder, justificando de palabra y obra sus acciones, a merced de las industrias culturales, propiciado el consumo banal, alejándose del espíritu crítico. Cultura fundamentalista con capitales y mercados, desmovilizadora y poco democrática.


15M y 25S son justamente lo contrario como fueron, con todas las diferencias, el “No a la Guerra” o “V de Vivienda”. Han evidenciado los mensajes de “no hay otros caminos”, “las únicas salidas”, sacando a nuestra sociedad de la amnesia colectiva, del olvido, la desmemoria. Otras maneras de ver y entender la acción política y la cultura de participación. Cuestionando el sistema desde su base, mostrándolo en estado puro, exponiendo que las fuerzas de seguridad son una herramienta exclusivamente al servicio de la clase política, incumpliendo leyes y normas de manera generalizada sin hacer nada por impedirlo. En la noche del 25S muchos fuimos testigos de cómo esas fuerzas tan democráticas, actuaron de forma “tan correcta y proporcionada” según autoridades y sindicatos policiales, negando auxilio a personas malheridas, teniendo que ser los mismos ciudadanos quienes tuvieran que hacerlo ante su negativa; lo presenciamos en directo. Los mismos que golpean e impiden el trabajo de los medios de comunicación a los que intentan acallar por la fuerza o con llamadas censoras, para tener que acudir, otra vez, a los medios internacionales para saber realmente lo que acontece en nuestro país. Poco a poco van cayendo los grandes tópicos que nos aletargaban, entre ellos el de la “modélica transición”, mostrando que quien manda y toma las decisiones son los poderes económicos a través de una clase política sometida y unos medios a su servicio.


Visión que tiene que ver muy poco con la sociedad real, mucho más plural, diversa y participativa, alejada de la política-espectáculo. Trabajando, diseñando, ejecutando proyectos comunes, participativos. La que alza la voz al grito de no nos representan, tomando sin permisos gubernamentales las plazas como espacios y ágoras ciudadanas, la que pone en evidencia un sistema que solo sabe usar la fuerza y la represión ante la falta de ideas. 


La democracia solo es posible con la máxima participación, reflejando toda la diversidad existente, poniendo los medios para mostrarla. Es imprescindible, necesario y saludable acabar con el monopolio cultural vigente, para acabar con una democracia tutelada que cada vez refleja menos nuestra realidad, dando paso a una democracia participativa, ciudadana, real. Ésta es la transición verdaderamente necesaria, la democracia del siglo XXI, la de las personas, es preciso abrir un nuevo periodo constituyente en ese sentido.

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