viernes, 13 de julio de 2012

Nos quieren desahuciar


Martes 10 de julio, distrito Centro de Madrid, a las 9.30 horas de la mañana está previsto un desahucio. David de Juan es el vecino afectado y La Kutxa la caja ejecutante. David se separó, estuvo cinco meses sin poder pagar la hipoteca, y cuando disminuyeron sus dificultades económicas intentó solucionar el tema con la entidad donostiarra, pero ya era tarde y su casa había sido subastada.

La asamblea del barrio del 15M, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y vecinos y amigos, han convocado una concentración en su portal en la calle Sierpes a las 7.30. Poco a poco van llegando, comparten cafés y churros. A las 7.45 pasa un coche de la Policía Municipal. A las 8.05 se presentan siete coches de la Policía Nacional. Vecinas y vecinos gritan “ningún desahucio en nuestros barrios”. Minutos más tarde desaparecen todos los agentes y llegan representantes de medios de comunicación –la mayoría alternativos– y tres “yayoflautas”. En una acera próxima pasea el cerrajero, responsable técnico imprescindible para abrir la puerta de la vivienda en litigio. Llegan también par de coches de la Policía Nacional, el responsable conversa y asegura que no va a producirse ningún tipo de violencia. Los agentes comentan entre sí: “esta gente es pacífica”. Aunque la conversación es cordial los argumentos son totalmente discordantes. Más tarde hacen acto de presencia la agente judicial, el representante de la caja y media docena de policías municipales, que piden la documentación a algunos de los periodistas acreditados. Exigen ver las imágenes grabadas con un móvil, amenazan con confiscarlo. Para todos, menos para David, es el momento más tenso. Abuso sin consideración y falta de respeto por el trabajo ajeno. Lamentable labor la de un cuerpo que presume de proximidad, cuyo comportamiento es todo menos eso. El desahucio se aplaza unos días, aplausos y de nuevo gritos “sí se puede, sí se puede”. En la misma mañana tienen lugar otros cinco en la capital, todos paralizados o aplazados. El distrito absorbe el 14% del total de los decretados en la capital, 3.243 entre los meses de septiembre a febrero.

Esa noche la marcha minera es multitudinaria, ejemplo de convivencia, participación y trabajo común. Al día siguiente nuevas medidas económicas vuelven a castigar a trabajadores, parados y dependientes. La bancada popular las vitorea en el Congreso, burla institucional a los que sufren la crisis, es decir a casi todos. En la Puerta Sol nueva concentración masiva que es disuelta sin consideración ni aviso, expulsando a clientes y turistas de los bares próximos, clima de espanto e indignación por la violencia empleada, las escenas en la red son espeluznantes, los agentes nuevamente sin identificar. En El Campo de Cebada prosigue el festival Low Cost. Una vecina de la tercera edad piden información para denunciar al director del banco del barrio que no les quiere devolver sus ahorros, solo les abona los intereses.

Los detentores del poder económico usan a la clase política para desarrollar iniciativas contrarias a los intereses de la mayoría. Imprescindible poner fin a unos fondos especulativos que condenan a buena parte de la sociedad. Una austeridad que beneficia a los acumuladores de colosales recursos. Detrás de cada parado, despido, hipoteca o alquiler impagado, de cada recorte a la dependencia, de cada receta que no se compra al no poder abonarse, de cada paga sin cobrar por parte de los trabajadores públicos, de cada recibo de la luz, del teléfono sin costear… hay una historia, una vida, una ilusión, un proyecto. Sencillamente personas; ni estadísticas, ni balances, ni primas de riesgo.

Nos quieren desahuciar a todas y todos. Estamos pagando un letargo de años, una transición que no acabó con lo que nos precedía. La solución somos nosotros, individual y colectivamente. Cambio de paradigma para seguir creyendo en utopías. Es posible y debemos hacerlo viable. Mientras las sirenas de la policía siguen sonando en el barrio, es madrugada. Hoy que no hace mucho calor, el #putohelicoptero impedirá el sueño, pero no las ilusiones.

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