lunes, 18 de junio de 2012

No tomar el nombre de Dios en vano

Siempre ha existido una importante disputa sobre los autores de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, que llegó a albergar cerca de un millón de manuscritos y textos en el siglo III de nuestra era. La controversia se mantiene en la actualidad. La religión está en el centro de la misma apuntando a más de una confesión. El enfrentamiento entre ciencia y religión es lo habitual. Algunos de los más denostados pensadores y científicos eran creyentes confesos como Copérnico, Newton o Galileo. Sus avances y conocimientos fueron rechazados y satanizados por los representantes de fes diversas represoras e intolerantes.
No soy nadie para afirmar si la religión es o no el opio del pueblo, pero sí que es responsable de muchos atrasos y conflictos que hemos padecido y padecemos. No me refiero a comportamientos y creencias personales, muy respetables, sino más bien a la instrumentalización que las diferentes doctrinas realizan utilizando los dogmas para el control ideológico, financiero, político y material de nuestras sociedades.
La frase que utiliza el actual presidente del Gobierno para definir su manera de gobernar es “hacer las cosas como Dios manda”. Habría que recordarle que en nombre de Dios se produjo el exterminio de pueblos indígenas, la persecución al pueblo judío durante siglos, el Obispo de Milán San Ambrosio instigó la quema de la primera sinagoga o la justificación de la represión franquista que todos conocemos. La Inquisición aplastó cualquier discrepancia, convirtiendo la Edad Media en una de las épocas más siniestras de la historia. Galileo fue torturado y sometido a todo tipo de bajezas. En África y Europa del Este el genocidio religioso se justificó hasta hace muy poco. La Iglesia que sufrió persecuciones, matanzas e injusticias, pasó de ser criminalizada a criminalizar promoviendo una alianza permanente Iglesia-corrupción, desde que Constantino se convirtió al cristianismo para ocultar sus crímenes, también en el siglo III.
El control pasó por la eliminación de todo tipo de conocimiento científico. Para ellos la única verdad era –y es– la procedente de la fe y la Biblia, atribuyéndose la última palabra sobre los avances de la ciencia. Matemáticos, físicos, astrónomos, científicos o médicos fueron ignorados, sus conocimientos silenciados y ocultados. Algunos investigadores calculan que esta acción política supuso un retroceso en la historia de quinientos años. La Biblioteca de Alejandría profanaba los principios de la fe y quizás por ello fue eliminada.
En tiempos económicamente tan dolorosos como los actuales, la Iglesia vuelve a manifestar que sus intereses prevalecen haciéndose cómplice de los atropellos que sufren los más débiles. Caja Madrid forma parte de Bankia, empresa patrocinadora de la JMJ el año pasado, la misma ejecuta el mayor número de desahucios en la capital, su pésima gestión ha precipitado nuestra intervención como país. No la hemos visto pronunciarse ante el apartheid sanitario puesto en marcha por el Gobierno, ni por escándalos de las cuentas cifradas abiertas en la Santa Sede.
El actual presidente del Gobierno ha incumplido casi todas sus promesas electorales utilizando el nombre de Dios para argumentarlas. La presidenta de Castilla-La Mancha acude a una procesión uniformada de integrismo cristiano. ¡La que se hubiera montado si una responsable que procesara otra religión hubiera acudido de tal guisa a un acto público! La ministra de Trabajo, que no ha trabajado nunca, pide a la Virgen del Rocío que ayude a salir de la crisis. Comportamientos que producen sarcasmo e indignación. Imagen de un país que se aleja de la modernidad, del progreso, recreándose en un pasado que ha supuesto siglos de atraso, utilizando el nombre de Dios en vano para justificar lo que es injustificable, sin dudar en apelar a los valores más íntimos de las personas. Si fueran lo que presumen ser, deberían conocer aquello de Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

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