viernes, 2 de marzo de 2012

¿Cuándo una política cultural... coherente?

Hace unas semanas comentaba en este blog La pérdida de valor de la cultura. En los últimos días he participado en diferentes foros para poner en marcha encuentros como “El compromiso de la gestión cultural ahora”, Desarrollo de la cooperación público-privada en artes escénicas” para la Asociación de Gestores y Técnicos Culturales de Madrid #agetec o “Cómete la cultura. Jornada sobre cultura libre y colaborativa” promovida por #AsambleaAustria. Son parte de un debate colectivo entre sectores muy amplios sobre el papel de la cultura en una sociedad global y en crisis como la actual.

Reflexiones diversas, dispares e incluso antagónicas, pero unánimes al contrastar que nunca ha existido una política coherente en materia cultural, Quizás por ello la cultura ha sido, junto a la investigación y la cooperación al desarrollo , la que ha padecido los mayores recortes presupuestarios porcentuales, y no solo desde el gobierno central.

El desarrollo autonómico acarreó la redución de competencias del Ministerio de Cultura, algunos dirigentes nacionalistas -en el sentido más amplio, abogan por su desaparición y las CCAA no parecen tener presente más realidades que su territorio e historia. Los ayuntamientos no se han coordinado estando más prestos en realizar infraestructuras difíciles de manter o en competir entre ellos, sin pensar en poner en marcha mecanismos de coordinación para optimizar recursos. Un modelo descentralizado que nunca ha planteado la cultura como política de Estado, como sí ha ocurrido con sanidad, servicios sociales, educación, seguridad o recogida de residuos, donde la mayoría de las las administraciones están coordinadas.

Escenario que ha motivado que la difusión internacional de nuestra cultura sea prácticamente la misma desde hace años. Que las iniciativas más innovadoras, contemporáneas y alternativas, casi nunca se visualicen bajo el paraguas de la marca España, como tampoco la cultura libre y colaborativa cuando somos una potencia mundial y lo más preocupante es que, en momentos como los actuales, no haya ningún tipo de garantía que asegure el acceso a servicios básicos culturales a toda la población.

Las propuestas más habituales vuelven a poner de manifiesto que en la mayoría de las veces los que desarrollan la política cultural poco tienen que ver con la gestión profesional de la misma. No se puede recurrir a medidas privatizadoras sin más. Existen proposiciones e iniciativas que posibilitan una buena gestión sin necesidad de saldar equipamientos pagados por todos. De la gestión directa a la autogestión, pasando por la cesión, acuerdos, compromisos, especialización, etcétera, con una financiación y fiscalidad acorde con los tiempos.

Lo primero sería ordenar el entramado cultural. Creación de un Consejo Nacional de las Artes realmente útil. Un Observatorio Cultural que para conocer la situación real y entre otras acciones catalogar y ordenar los espacios existentes con el fin de crear unos servicios culturales básicos para todos. Transparencia y evaluación de proyectos realizados con dineros públicos. Reglamentar la participación aprovechando las TICs. Ley de Mecenazgo que tenga presente la realidad cultural, formada mayoritariamente por pequeñas, medianas empresas y trabajadores autónomos. Línea fiscal de apoyo al crowdfunding (financiación colectiva). Regulación de contratos laborales que contemplen la peculiaridad del sector. Herramientas que permitan desarrollar propuestas libres y colaborativas sin menoscabar los derechos de autor que deben adaptarse a la realidad. Reconocimiento de la profesión de gestor cultural, existente y omnipresente, pero no reconocida, son solo algunas de las posibles propuestas.

Es necesaria una política coherente, con la participación de todos los implicados. La cultura y el arte es algo que caracteriza, diferencia y crea valor como país. Es un derecho constitucional. Es preciso un esfuerzo conjunto para que Artículo 41 de la Constitución sea algo realmente valorado. En períodos de dificultad surgen las mejores soluciones. En cultura se pueden hacer, solo hace falta voluntad de querer realizarlo

3 comentarios:

Rubén Caravaca dijo...

Estamos en una realidad multinacional y multicultural pero la evidencia pone de manifiesto que la misma no es ni plurinacional, ya que hay poca consideración para el del lado, ni multiculturalista ya que no se dan pasos ni medidas significativos en promover la diversidad cultural, la propia y la importada. Mientras no seamos capaces de entender esa realidad los intentos serán baldios. Una política cultural coherente puede contribuir a ello.

info@consultoresculturales.com dijo...

Creo que en este análisis solo falta hablar del político cultural, de quien se encarga de diseñar, ejecutar, defender y evaluar los trabajos que se hacen en cultura. ¿Cuál es el perfil? Lo fundamental es que sepan que lo que hay que defender es la idea de construir un Estado de Cultura, de creatividad, de innovación, y para ello es imprescindible creérselo y saber comunicarlo.

Rubén Caravaca dijo...

Tienes razón, todo forma parte de un debate que debemos realizar entre todos los implicados. Hay que centralizar, que no centralismo, la acción cultural, crear un eje conductor lo más horizontal posible donde la diversidad y autonomía estén garantizadas.