domingo, 11 de marzo de 2012

Centralidad cultural no es homogenización

En este blog, y en su versión en papel en Cambio 16, reflexionaba sobre la conveniencia de tener una política cultural coherente. Comentaba la escasa proyección internacional de nuestras propuestas más innovadoras al no presentarlas bajo el paraguas de la marca “España”. Era consciente de que tal afirmación iba a originar controversia y a sabiendas la incluí. Podía haber transformado dicha tesis con la expresión bajo un paraguas común evitando la polémica, pero pensé que era mejor incluirla tal cual. La realidad no es necesario obviarla. Los estados-nación son conocidos por su denominación, lo que permite que sus iniciativas y propuestas sean fácilmente reconocidas a nivel internacional, la mayoría de la población no conoce la realidad interna de cada uno de ellos. No ser conscientes de esto es uno de los motivos de la poca internacionalización de muchas iniciativas culturales. Los comentarios recibidos han sido matizaciones o han mostrado con claridad el desacuerdo con este tema concreto, sin entrar en el fondo de la cuestión.


Esta semana más de uno ha reflexionado por la visión negativa que se tiene siempre de los ministros de cultura, sea quien sea y pertenezca al partido que sea, da igual. No hay que ser adivino para entrever que buena parte de la impopularidad de todos ellos es por el sometimiento de nuestra acción cultural a las industrias culturales. No niego que sea preciso el apoyo, como a cualquier otra industria, pero no debe convertirse en el eje cultural central, dividiendo y confundiendo además a la ciudadanía al seguir recomendaciones y sugerencias de determinados lobbies sin ningún debate con la sociedad.


Si algo nos caracteriza es nuestra diversidad, una garantía para el diálogo y la relación. Cuando alguien quiere imponer lo suyo, la ruptura se produce a veces de forma trágica y dramática. La diversidad nos enseña a aprender de los demás, a valorarnos y a complementarnos, pero es necesario salir de nuestros mundos particulares. Comprender, respetar y apreciar la diferencia enriquecida, aún más por la presencia de nuevos vecinos asentados recientemente entre nosotros. La diversidad es una de las alternativas a la globalización, pero también es utilizada para mostrar escenarios interesados, mostrándolos de manea preferencial, a veces únicos, tras los que se cobijan intereses económicos concretos y excluyentes. Discriminación, injustica y exclusión forman parte de cualquier estado sea este nacional o regional.


Interesa asimilar centralidad con centralismo, acción común con homogenización. Centralidad que parta de la diversidad, capaz de visualizar y plasmar que cualquier política cultural va más allá de un ministerio, de una administración, de las estrategias concretas de los partidos. Que las identidades propias generan riqueza y beneficio. Que no es preciso homogenizar; con mostrar la realidad sirve. Que la cultura permite corregir déficits contribuyendo a vertebrar la sociedad, pero que no sirve da nada si no va de la mano de la educación, el urbanismo, el medio ambiente… Que son más interesantes los procesos que los resultados, en ello la gestión cultural tiene un papel determinante y diferenciador. Que es imprescindible apostar por la codecisión, las experiencias comunes, el compartir. Es urgente salir de nuestras islas y navegar en común garantizando diferencias y discrepancias. La división hace más fuertes a los que quieren mostrar una sola manera de pensar, de actuar y de intervenir recurriendo a una visión excluyente del mundo, mostrándola con diferentes identidades y claves.


Ante proyectos de exclusión son precisas alternativas y respuestas coordinadas, activas, de impacto. Los paraguas que las cobijen son importantes pero no determinantes, son otra parte de un juego, que no es el nuestro.