viernes, 13 de enero de 2012

Tiempo de ideas




En los pasados días festivos tuve la oportunidad de leer un par de novelas de Petros Markaris. En la actualidad devoro El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince. En las primeras el protagonista es el comisario griego Kostas Jaritos, en la segunda el médico -padre del autor del relato- Héctor Abad Gómez asesinado hace unos años en el centro de la ciudad de Medellín. Protagonistas ficticios y reales, supuestamente antagónicos unidos por la convención por el trabajo bien hecho y las ideas, algo cada vez menos valorado.


Planteamientos que fueron el mejor regalo de mi padre. Estudios básicos, trabajador desde los doce años, guerras, emigración, represión, injusticia y reconocimiento. Intentó vivir, ser coherente, sin renunciar a principios muchas veces contradictorios. Militancia sindical prohibida entre semana, cantante coral viernes y sábado, predicador evangélico los domingos.


Era él mismo. Recogía lo mejor de cada patio para diseñar un mundo único, el suyo, conviviendo con todos en la disparidad, al servicio colectivo. Singularidad en la pluralidad que debería tener la consideración oportuna. Derecho a la participación personal que convendría ser valorado y reconocido, fomentando con ello la potencialidad de cada uno.


No parece ser el camino. La apuesta es por homogeneidades falsas que conducen a un punto sin retorno. Contribución y participación como problema, para el poder y para los que aspiran a ocuparlo. Incapaces de vislumbrar el valor de las personas, de cada una -en singular- estímulo y energía para la acción y el bienestar común.


Ausencia de ideas impiden el pensamiento libre, útil para todos como conjunto. Proceso doloroso, renuncia al derecho de la felicidad. Sometimiento, claudicación, beneficio fácil, usurpación de lo ajeno, tergiversación del conocimiento, muestran un contexto donde la injusticia crece y la diversidad se ahoga. La utopía, “es necesaria, es la línea de horizonte necesaria, sin la cual no tiene sentido la esperanza” en palabras del profesor Armard Matterlart.


Felicidad y esperanza a la que no debemos renunciar; ya nos hemos resignado a muchas cosas. Los Tiempos de errores de Mohamed Chukri parecen anécdotas. Dolor, pesar, sacrificio. Desatinos que quizás los mayas acierten a remediar un 21 de diciembre de este año que acabamos de empezar. Más previsible es que Irán y Estados Unidos converjan para resolver, otra vez más, mediante la fuerza una crisis creada por los depredadores que desatarán la contienda.


Más que nunca son necesarias las ideas. Recorrer y recoger lo mejor de nuestro pensamiento. Del conocimiento, de la creación, la autoría. Contribuir a la construcción de otro camino, donde individuos y colectivos convivan. Donde la duda no cree desasosiego, sino ilusión. Donde la claridad y liberación mental sean retos que nos embarquen en anhelos colectivos.


Para el comisario Jaritos, el doctor Abad Gómez y el trabajador Matías Caravaca, las ideas son esenciales para la dignidad. Fortalecen convicciones, sin necesidad de renunciar a principios, sin claudicar ante lo fácil, lo esperado, lo ventajoso. Evitar caer en devociones de cualquier tipo, más peligrosas cuando surgen de aquello que se dice soslayar. Concepción de vida que mantenga la esperanza. Ilusión de personas, y personajes, que creen en el hombre, contribuyendo a que el recorrido por la misma sea simplemente eso: un viaje, una vida.

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