viernes, 14 de octubre de 2011

15-O

Escribo este texto un par de días antes del 15 de octubre, fecha elegida para celebrar una manifestación a nivel mundial. El motivo denunciar que los ciudadanos no son “mercancías en manos de políticos y mercados” según un comunicado emitido el pasado mes de junio cuando se anunció la concentración. “El 15-O nos encontraremos en las calles para poner en marcha el cambio global que queremos. Nos manifestaremos pacíficamente, debatiremos y nos organizaremos” comenta el manifiesto de convocatoria traducido a 18 idiomas.
En el momento de escribir estas líneas se tiene conocimiento de manifestaciones y concentraciones en 700 ciudades de 80 países, 60 de ellas en el nuestro. El Movimiento 15M ha sido el impulsor de esta iniciativa. Cuando se planteó hacer una gran manifestación europea este otoño se buscó un mes que el día 15 coincidiera en fin de semana. Desde la primera manifestación de mayo han ocurrido muchos acontecimientos, todo un mundo en apenas cinco meses. Si las movilizaciones comenzaron en los países árabes, nuestras realidades no pueden ser enjuiciadas de igual manera, unos luchan por la democracia otros porque esta no se siga deteriorando, el movimiento prendió y se extendió desde Madrid  al país, a Europa, al mundo. La indignación surgió y se instaló, no parece que vaya a diluirse, en los países democráticos. París, Londres, Bruselas, Atenas, Roma, Tel Aviv, Nueva York, Santiago de Chile… lo secundaron. El movimiento ya es universal, 15-O es la prueba evidente.
Su aparición causó sorpresa, la participación política no se entiende fuera de las organizaciones tradicionales. Se argumentaba sobre su futuro profetizando su inmediata disolución, sin intentar comprender que el germen ha sido la claudicación de la política ante los mercados, la pérdida de soberanía y el recorte de derechos adquiridos. El movimiento poco a poco va tomando los barrios. Cada uno funciona de manera autónoma, autogestionada, democrática. Formas de actuación que ponen en entredicho las clásicas de participación e intervención, no solo las políticas, también las sindicales y las ciudadanas. Comunicación en redes y la difusión autónoma desde cada asamblea local son herramientas desarrolladas con éxito.
No es extraño los ataques que recibe desde diferentes ámbitos políticos y mediáticos. Para Esperanza Aguirre “el 15M es una semilla de totalitarismo”. José María Aznar dixit “es un movimiento radical, antisistema y muy ligado a la extrema izquierda". No deja de ser paradójico que quien criticó en su momento la Constitución de 1978 acusé de antisistema a los que reclaman más calidad democrática. Preocupante fueron las acusaciones del fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM), Manuel Moix que censuró las concentraciones  acusando al 15M de “ignorar los valores democráticos reprochando la tolerancia recibida por parte de las autoridades. Tales afirmaciones han supuesto una denuncia de la asociación Preeminencia del Derecho, ante el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido.
No se puede aventurar los caminos por los que discurrirá el movimiento, pero es evidente que está marcando la agenda de políticos y medios. Se les exige propuestas cuando los profesionales de la política no son capaces de acertar con las medias que nos permitan salir de la actual situación. Si nuestra democracia fuera tan avanzada nadie menos valoraría a miles de personas, la mayoría jóvenes, que están uniendo esfuerzos por una sociedad más justa, libre y democrática. Trabajar por ello nunca debería suponer crítica, al contrario reconocimiento.

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