jueves, 31 de marzo de 2011

El cuarto pilar del desarrollo sostenible



La crisis económica, la protección del medio ambiente tras -lo acaecido tras el terremoto en Japón- y los conflictos bélicos permanentes, ya sea en Irak, Afganistán o Libia centran casi en su totalidad los discursos y comentarios de políticos y medios de comunicación. Sucesos, terrorismo y elecciones locales suelen completar las agendas.


Nos hemos acostumbrado a estar en permanente campaña electoral y en la misma nunca se habla de cultura, es la gran olvidada. Sus recortes presupuestarios siempre son más elevados que otros departamentos ó áreas de gestión institucional lo que ha generado, pequeñas pero significativas, acciones de protesta que con toda seguridad no servirán para nada. Mientras se complace a la gran industria se ponen continuos obstáculos a la cultura ciudadana, la que genera riqueza personal, creando sociedad y puestos de trabajo. Se cierran puertas a la creación, la innovación y la participación en beneficio de un mercantilismo cultural que interesa y beneficia a muy pocos conformado en un lobby muy bien estructurado.


Más de un técnico municipal no se recata de comentar en público las instrucciones, o habría que decir órdenes, recibidas para disponer de la totalidad de la partida cultural antes de las elecciones del mes de mayo. Ello pone de manifiesto el significado que algunos gobernantes tiene de la cultura. Se instrumentaliza como un producto de marketing barato para intentar amortiguar acciones, discursos y mensajes sin consistencia.


El pasado mes de noviembre se aprobó en la ciudad de México un Documento de Orientación Política en el marco de la Cumbre Mundial de Líderes Locales y Regionales donde se instaba a incluir a la cultura como el cuarto pilar para el desarrollo sostenible, “abogando para que sea debidamente reconocida en todas las políticas públicas, particularmente en aquellas relacionadas con educación, economía, ciencia, comunicación, medio ambiente, cohesión social y cooperación internacional” continuando de la siguiente manera: “El mundo no se halla exclusivamente ante desafíos de naturaleza económica, social o medioambiental. La creatividad, el conocimiento, la diversidad, la belleza son presupuestos imprescindibles para el diálogo por la paz y el progreso, pues están intrínsecamente relacionados con el desarrollo humano y la libertad”.


Con lo anterior seguramente estén de acuerdo casi todos los candidatos que se presentan a los próximos comicios pero la realidad seguramente nos mostrará lo contrario. Nos hemos acostumbrado hasta tal punto a la instrumentalización de la cultura que ahora es difícil de comprender que ante una crisis planetaria sin precedentes, el desarrollo sostenible, la paz, la convivencia, el bienestar, la inclusión social solo será posible con políticas activas, de calado. Políticas de proximidad que garanticen el acceso a la cultura a todos y no solo a los que tienen capacidad económica para hacerlo. Cerrar las puertas al pensamiento, las ideas, la creación es poner en entredicho el futuro de las próximas generaciones.


Las próximas elecciones deberían ser un buen momento para promover la cultura como el cuarto pilar del desarrollo sostenible. Será muy difícil. Si logramos que comience el debate abriremos una puerta para que sea incluida en el diseño de todas las políticas institucionales y no se utilice solo con fines propagandísticos.

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