miércoles, 11 de agosto de 2010

Gestos solos, no sirven

En momentos actuales donde la credibilidad de la clase política está bajo mínimos, los gestos son más importantes de lo que a veces parecen, así como los movimientos y tonos empleados.

Esta semana hemos asistido a dos de ellos que se pueden considerar de vital importancia.

A las pocas horas de acceder a la Presidencia de Colombia Juan Manuel Santos y Hugo Chávez han restablecida las relaciones diplomáticas entre los dos países. Parecía difícil tras las últimas embestidas del ex Presidente Uribe y del mandatorio venezolano, pero el gesto y el tono del nuevo presidente, “la palabra guerra no está en mi vocabulario”, y la disposición a cerrar página de Chávez lo han hecho posible. El acuerdo se ha realizado en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, donde murió Simón Bolivar Liberador, figura nacional para ambos países. El resultado tranquilidad en la zona. Que los dirigentes de cada país respeten la idiosincrasia del otro dedicándose a lo que fueron elegidos, trabajar por el bien de sus colectividades. Esperemos que los acuerdos se amplíen y tenga larga duración, sus ciudadanos se lo merecen. Santos, mano derecha y castigadora del uribismo ha decidido volar por sí mismo. En pocos días se ha enmendado una realidad que parecía imposible, partiendo de gestos y tonos nuevos, uniendo emociones y sentimientos compartidos al reunirse en el lugar escogido.

El gesto de Tomás Gómez puede tener la importancia que cada uno le quiera dar. Desde fuera muchos pensamos que se trata de un político acomodaticio, fiel seguidores de las directrices del aparato federal, buen gestor local pero tibio en políticas más ambiciosas. Por eso los que partimos de esa idea nos ha sorprendido la apuesta por mantener su compromiso hasta el final. Tengo mis dudas sobre cuál puede ser el mejor cartel electoral del PSM. En más de una ocasión he comentado que a determinados cargos electos de la ciudad de Madrid les venía mejor, cobran el sueldo igual, estar en la oposición que en el gobierno.

Mantener su compromiso hasta el final es algo que contribuirá a que sigamos creyendo que no todas las políticas, ni todos los políticos son iguales. Pero realmente con eso no basta. Unas primarias dinamizan en primer lugar la militancia de los partidos, que en la mayoría de las ocasiones sufren arterioesclerosis múltiple, y deben contribuir a la movilización ciudadana aproximándola a la política. Pero solo con votar no basta.

El problema de la izquierda, ya sea moderada, institucional, alternativa o reivindicativa es la falta de ideas. En el caso de Madrid se agrava por haber entrado desde el tamayazo en el debate que más gusta a la derecha. Discutir en clave de ciudad, de comunidad y no de metrópoli. Se ha renunciado a llegar al espíritu de la ciudad, al de sus ciudadanas y ciudadanos, para quedarnos en fachadas, grandes números y estadísticas. Se ha olvidado de sentimientos, complicidades y emociones. Mientras no se cambien discursos, formas de comunicar y transmitir poco se va avanzar. Para motivar es necesario primero apasionarse, para después apasionar. Con los mensajes y las formas de transmitir en la actualidad es prácticamente imposible.

Se sigue anclado en formas y discursos de los ochenta y nuestra sociedad es tan cambiante que cada día nos depara una nueva realidad. En Madrid nadie parece comprender los cambios en el mundo de trabajo, cada día más individualizado y con intereses cada vez más personales.

El mensaje colectivo se amplificará desde lo personal. Objetivos y estrategias serán posibles cuando se impliquen emociones y sentimientos y con ello se conseguirá ilusionar entusiasmando.

Los gestos pueden ser el primer paso, pero cuando se quedan solo en eso y no se sigue avanzando no merecerán la pena.

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