sábado, 24 de julio de 2010

Flamenkito y niñas malas


La penúltima noche de Pirineos Sur fue otra de esas apuestas complejas que caracterizan al Festival. En primer lugar saltaron al escenario los oscenses de Willy Giménez y Chanela. Forman parte de la historia musical de la provincia desde que iniciaron su andadura por diferentes salas de la ciudad de Huesca, en los años ochenta. Tras unos años de actividad ralentizada han vuelto a los escenarios para mostrar la vitalidad que les caracterizó. Su concierto fue en la mejor línea de la banda. Partiendo del flamenco no dudan en introducirse en la música negra, el soul, el reggae o la salsa, realizándolo con brillantez. Así lo entendió el público que les reclamó, tras la finalización de su actuación, para volver a repetir su particular versión de “Volando voy” de Camarón.

Tras el cambio de rigor, un poco más largo de lo habitual por el bloqueo de uno de los ordenadores con el que se lanzan parte de las bases musicales, tomó la escena la banda de Mala Rodríguez. Es la jerezana una amiga de la polémica. Lo ha sido siempre por sus manifestaciones públicas y también por su música. No deja indiferente a nadie, es amada y odiada de manera similar. Muchos no le perdonan su trayectoria, su forma de comportarse en un mundo mayoritario masculino, en casi todas las ocasiones machista y sexista, donde la femeninas suelen ser vistas con cierto desprecio y tratadas de manera desigual que cuando se habla de sus compañeros varones. Es lo que tiene el rap y otras realidades en nuestra sociedad. El discurso soez e incorrecto es visto con admiración, incluso a veces con veneración, cuando lo interpreta un representante masculino, pero es tratado de caprichoso y vulgar si lo realiza una fémina. Esto ocurre en parte con La Mala y otras representantes femeninas del hip hop nacional e internacional.

Se hace acompañar de una banda excepcional a la que no se le saca todo el juego que se podría. Son de las pocas formaciones nacionales que interpretan el funky con fuerza y contundencia. La Mala ejerce de heroína en el escenario, donde todos están abstraídos por sus caprichos y comportamientos. Interpreta una especie de obra futurista al estilo Blade Runner, vestida con un mínimo vestido, a pesar del frío casi polar que se sentía en el Auditorio Natural de Lanuza. Recuerda que a pesar de la crisis y los mediocres hay otras salidas, pero para ello hay que desprenderse de muchos tabúes y de determinadas personas. Hace su particular oda a las mujeres en “Prima” y no duda en realizar un discurso antixenófobo con descaro y lucidez. Su concierto es un ejercicio complejo, muy difícil de captar ya que va más allá de las vanidades habituales en la que se nutre la mayoría del hip hop nacional más cercano al estadounidense y muy alejado al que caracteriza al árabe o latinoamericano donde la realidad social siempre están cercanas. La Mala con su forma de interpretar y comportarse, en un mundo tremendamente machista y masculino, es la reina, pese a quien pese. Muchos no la perdonan por verse reflejados, y de alguna manera maltratados, por las palabras de la jerezana. Como con todas las heroínas, la polémica forma parte de su cotidianidad. Vista la realidad actual seguramente son necesarias muchas niñas malas para enderezar un mundo que hasta ahora ha sido protagonizado por niños buenos y cuyas consecuencias padecemos y sufrimos todos y todas.

Foto: Pilar Hurtado.

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