lunes, 21 de junio de 2010

Bicentenarios y aniversarios

“Señora, ¿le puedo hacer una pregunta? ¿Por qué Dios les ha dado a ustedes gringos los dólares y la inteligencia y a nosotros nada?” Así comenzaba, en el año 1992, una conversación entre mi compañera Yolanda y una indígena en los Andes ecuatorianos un día del año en que se recordaba el encuentro entre los dos continentes. Casi dos décadas después se celebra el bicentenario del comienzo de las guerras de independencia de algunos de los países de América Latina. En estos días también se conmemoran los veinticinco años de la incorporación de Portugal y España a la Unión Europea. Es una buena ocasión para reflexionar sobre la evolución y realidad de dos mundos tan cercanos y tan apartados al mismo tiempo.

No se descubre nada al afirmar la profunda crisis de identidad a la que está sometida Europa con una merma inquietante del Estado del Bienestar en lugares donde parecía imposible que esto pudiera ocurrir. Los máximos responsables de las crisis, aquellos que nunca se presentan ni son juzgados en ningunas elecciones, ni por ningún tribunal, son los que deciden las estrategias a realizar en cada momento confirmando un modelo que prima el interés particular al colectivo, relegando la política a un papel secundario. Es lamentable que el mayor peso de las consecuencias políticas-económicas las solventen los que no las crearon y que la mayoría de políticos y medios de comunicación las justifiquen como las únicas posibles. Que los estados intervinieran en la banca privada, en paralelo recortaran el gasto público o que el Presidente Bush saliera al rescate bancario mientras negaba la prestación mínima sanitaria a cerca de diez millones de niños parecía solo posible en alguna novela de terror, pero es real y no es ni mucho menos un asunto baldío. Es consecuencia de reducir la acción política a contiendas electorales y debates parlamentarios. La socialdemocracia europea eligió hace muchos años este camino y las consecuencias son evidentes. La acción política basada exclusivamente en debates parlamentarios, contiendas electorales y su subordinación total a la economía motiva que las acciones para corregir desigualdades estén a merced de los vaivenes del mercado y cuando las tramas especulativas ven disminuir sus beneficios, es necesario recortar recursos para salvar a aquellos que ven menguar sus dividendos.

Uno de los discursos más hipócrita es el que asocia medidas correctoras de desigualdades con dilapidación presupuestaria, esta soflama neoliberal ha calado y poco se ha hecho para impedirlo. Tras la renuncia a redistribuir la riqueza, con una política fiscal más justa y equitativa, se esconde un modelo de gestión donde priman los efectos electorales a corto plazo y no las transformaciones en profundidad. Nadie niega la importancia de las políticas de derechos civiles de los gobiernos de Zapatero pero ha faltado la misma valentía para afrontar derechos sociales y económicos que beneficien a la mayoría de la población contribuyendo a la construcción de un país más justo y equilibrado. Cuando se han aprobado leyes como la dependencia no se han dotado los recursos necesarios y los procedimientos legales para su cumplimiento en todo el estado lo que ha generado ciudadanos de diversas categorías según la comunidad de residencia. Parte de lo que ocurre es consecuencia de la cada vez menos autonomía de los Estados Nación siempre a expensas de las grandes potencias que lideran la UE.

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