lunes, 21 de junio de 2010

Bicentenarios y aniversarios (VII)

Muchas políticas culturales públicas han contribuido a romper realidades locales. Grandes equipamientos han fracturado vivencias, costumbres y tradiciones de los habitantes más próximos, el Matadero en Madrid es uno de los mejores ejemplos. Convirtiendo aquellos lugares en espacios que poco tienen que ver con el entorno, fracturando la realidad sin atender nunca las propuestas ciudadanas. Cultura contra la ciudadanía diseñada para satisfacer ambiciones políticas, personales y en determinados económicas, solo hay que echar una mirada a algunos de los implicados en el caso Gürtell. Políticas para contentar al comedido y penalizar al crítico. Directrices y responsables que catalogan y clasifican la creación sin ningún pudor. Ciudad global europea donde la realidad y diversidad local no tienen cabida.

Es preciso desarrollar políticas culturales integrales a largo plazo desarrolladas a partir de los problemas reales de cada territorio contribuyendo a su resolución, alejándose de la tecnocultura que lo reduce todo a estadísticas, valor y cuotas. No debe ser otro instrumento, en función de estudios, procedencia y realidad personal, para la exclusión. Trabajar en la democratización que permita la participación del mayor número de ciudadanos y ciudadanas y no como ocurre en la actualidad que siempre son los mismos los que tienen la posibilidad de acceder a la misma, la mayoría de buen nivel social. Una política equilibradora que modifique pautas rompiendo dicotomías entre cultura popular y bellas artes, urbano y rural, creación y producción, calidad y reconocimiento.

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