lunes, 21 de junio de 2010

Bicentenarios y aniversarios (II)

Que la dirección económica nunca haya estado bajo la responsabilidad de un político sensible a los principios de la izquierda ha motivado la deriva económica en la que nos encontramos. Parte de la actual situación son consecuencia de aquellas políticas social liberales que desmantelaron el sector público desarrolladas por Felipe González, Laurent Fabius o Bettino Craxi señas de identidad posteriores de una Unión Europea que ampara la opacidad y circulación libre de capitales e impide la libertad de movimiento de personas originando una guerra permanente contra los que quieren abandonar el terror, la miseria o el hambre.

Tras la caída del Muro de Berlín, la desaparición de la Unión Soviética, los ataques del 11-S y 11-M, la ocupación de Afganistán, la Guerra de Irak… la izquierda perdiósu discurso, como antes disipó parte de su ideología. La asunción de que solo un tipo de mundo es posible ha originado una quiebra de valores y compromisos, asumiendo un modelo de sociedad sin motivaciones para su transformación. La lucha eficaz contra guerras, el hambre, el cambio climático, la preservación de los recursos naturales y el medio ambiente no son prioritarios para la clase dirigente que ha educado a la ciudadanía en el consumo fácil, la consecución de bienes y productos a cualquier precio, promoviendo un individualismo salvaje.

La desideologización, además de desarticular a la izquierda, ha ocasionado vaivenes en la acción, contradicciones en la gestión, supeditación absoluta del partido al gobierno y de este al Presidente, una ineficaz política de comunicación y una agenda política marcada por los conservadores, produciendo también daños colaterales. Refundaciones que dejan por el camino algunas de sus personas más valiosas o la realidad sindical no parecen que puedan contribuir a enmendar mucho la situación. El alejamiento entre clase política y ciudadanía parece cada vez más evidente instaurándose un vacío ideológico-político vital y un agotamiento estratégico donde las emociones colectivas no parecen tener cabida. Si para muchos la política es el arte para solucionar los problemas es muy difícil comprenderla en la actualidad. Todo testimonio artístico tiene como primera intención motivar los sentimientos más profundos de las personas y la clase política está produciendo justo lo contrario. La falta de principios e ideas están creando incertidumbre en una ciudadanía que cada vez tiene menos referencias donde mirar.

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